Se pueden diseñar radioisótopos terapéuticos para atacar las células cancerosas, administrando radiación con precisión y dejando ilesas las células sanas circundantes. En este foco de innovación, Juan Babichcofundador, presidente y director científico de Ratio Therapeutics, analiza cómo se construyen los radiofármacos para un tratamiento y una focalización óptimos del cáncer.
Juan Babich
Cofundador, presidente y director científico
Terapéutica de proporción
¿Qué son los radiofármacos y qué papel juegan en el tratamiento del cáncer?
Los radiofármacos son fármacos que combinan isótopos radiactivos con moléculas que se dirigen a células específicas, como las células cancerosas. En el tratamiento del cáncer, administran radiación dirigida directamente a los tumores, minimizando el daño a los tejidos sanos. Esta precisión mejora la eficacia de la terapia, especialmente para los cánceres que son difíciles de tratar con métodos convencionales. Los radiofármacos se pueden utilizar para diagnosticar y tratar el cáncer, ofreciendo un enfoque dual que mejora la precisión en la detección de tumores y proporciona una poderosa herramienta para destruirlos, especialmente en el caso de enfermedades metastásicas o en etapa avanzada.
¿En qué se diferencian los radiofármacos de otras terapias contra el cáncer? ¿Qué desafíos intentan resolver los radiofármacos?
Muchas terapias tradicionales contra el cáncer, como la quimioterapia, son limitadas porque atacan indiscriminadamente tanto a las células sanas como a las cancerosas, lo que provoca efectos secundarios importantes. La radioterapia de haz externo es eficaz para la enfermedad localizada. Los radiofármacos terapéuticos se administran de forma sistémica y, por lo tanto, pueden administrar radiación a los cánceres diseminados por todo el cuerpo. La orientación precisa de los radiofármacos hacia las células cancerosas minimiza la localización fuera del objetivo en tejidos normales, minimizando así los efectos adversos en estos tejidos. Esta focalización de precisión reduce la toxicidad y mejora la eficacia, especialmente en el caso de tumores metastásicos generalizados. Además, los radiofármacos ayudan a los investigadores a visualizar y tratar el cáncer, según el radioisótopo utilizado para preparar el radiofármaco. Esto permite una solución más personalizada para los pacientes resistentes a las terapias convencionales.
¿Puede darnos un ejemplo de cómo funciona un radiofármaco?
Un radiofármaco funciona como un cerrajero que utiliza una llave especializada para abrir una puerta específica. Las células cancerosas son como puertas cerradas y las terapias tradicionales son similares al uso de una palanca, que puede abrir cualquier puerta pero daña el marco y el área circundante. Los radiofármacos, sin embargo, son llaves diseñadas para adaptarse únicamente a las cerraduras de las células cancerosas. La interacción con los receptores específicos de estas células permite la administración selectiva de radiación dirigida, abriendo efectivamente la puerta al tratamiento y preservando al mismo tiempo la integridad de las células sanas cercanas. Esta precisión mejora la eficacia de la terapia contra el cáncer y minimiza los daños colaterales.
¿Cómo mantienen los científicos estabilizado un radiofármaco hasta que llega a su destino?
Los científicos pueden diseñar radiofármacos optimizados para mejorar su circulación en todo el cuerpo y mejorar la administración de tumores.
Los componentes típicos de un radiofármaco críticos para su capacidad de alcanzar con éxito su objetivo son el resto objetivo, un conector, un quelante y un radioisótopo. Lo ideal es combinar un isótopo radiactivo con un quelante adecuado (normalmente un metal) que se una a él de forma segura. El quelante está unido químicamente al resto objetivo a través de un conector. Esta estructura compuesta de ligando, conector, quelante e isótopo garantiza que el radiofármaco permanezca intacto para alcanzar con éxito su objetivo en la célula cancerosa. Además, el radiofármaco se prepara en una matriz de formulación que mantiene la estabilidad química durante la fabricación y el envío.
¿Cómo eligen los científicos qué radioisótopo utilizar y cuáles son algunos de los beneficios de la emisión alfa frente a la beta?
La elección del radioisótopo depende de la necesidad terapéutica, incluido el tipo de cáncer y el objetivo del tratamiento. Los científicos evalúan factores como la vida media del isótopo, el tipo de radiación, el potencial de energía de radiación emitida y el alcance. Los isótopos emisores alfa emiten radiación de alta energía a una distancia muy corta, lo que los hace ideales para atacar tumores pequeños y localizados con efectos mínimos en el tejido sano circundante. Por el contrario, los isótopos emisores beta liberan radiación de menor energía en un rango más largo, lo que los hace más adecuados para tratar tumores más grandes o más difusos. Cada tipo de isótopo ofrece beneficios únicos adaptados a las características específicas del cáncer que se está tratando.
¿Cómo se puede ajustar el diseño de motivos estructurales para optimizar el tipo de objetivo, la ubicación y las necesidades de entrega?
El diseño de motivos estructurales para radiofármacos se puede optimizar centrándose en la afinidad del objetivo, la farmacocinética y la eficiencia de administración. Con esto en mente, hemos diseñado una plataforma, llamada Trillium, que permite que los radioterapéuticos se unan a la albúmina, mejorando así la circulación en todo el cuerpo y mejorando la liberación del tumor. Al adaptar la unión reversible a la albúmina, ajustamos la curva de retención plasmática, asegurando que el radiofármaco permanezca en circulación por más tiempo para atacar el tumor de manera más precisa.
¿Cómo podrían combinarse los radiofármacos con otras terapias contra el cáncer?
Cuando se combinan con inmunoterapias, los radiofármacos administran radiación directamente a los tumores, dañando las células cancerosas y aumentando su visibilidad para el sistema inmunológico. Esto hace que el cáncer sea más susceptible al ataque inmunológico, lo que aumenta la eficacia de tratamientos como los inhibidores de puntos de control inmunológico. Además, los restos de células dañadas pueden crear un entorno inflamatorio que mejora la respuesta inmunitaria, lo que ayuda a que las inmunoterapias penetren y actúen sobre el tumor de forma más eficaz. Esta combinación ofrece un enfoque sinérgico, maximizando los puntos fuertes de ambos tratamientos para un mejor control del cáncer.
¿Qué es lo que más le entusiasma del futuro de los radiofármacos?
Desde una perspectiva tecnológica, la radioterapia tiene el potencial de convertirse en una parte integral del tratamiento del cáncer, particularmente como adyuvante. Es probable que veamos avances en el uso de radioterapéuticos antes de la cirugía o la inmunoterapia para mejorar los resultados del tratamiento. Esto incluye trasladar la investigación preclínica a la práctica clínica, donde los radiofármacos específicos podrían desempeñar un papel clave en el manejo de la enfermedad. La capacidad de combinar esta tecnología con otros enfoques ofrecerá formas nuevas y personalizadas de tratar el cáncer y, en última instancia, mejorará la atención y los resultados del paciente.