Del Monasterio de Santa Maria de Poblet al santuario de la Vall de Núria. Ocho meses han pasado entre el primer encuentro del Govern fuera del Palau de la Generalitat a finales de agosto, cuando justo se estrenaba, y las jornadas de dos días que arrancan este viernes. El president Salvador Illa recluye de nuevo a sus consellers en un paraje emblemático del humanismo cristiano -del que es devoto- y del catalanismo para hacer balance; pero, sobre todo, para fijar el rumbo a seguir. La calma ha ido de más a menos, como preveía, y su estabilidad está en estos momentos a merced de los trenes y del margen de gasto vía ampliación de crédito que negocia con ERC y Comuns.
No es baladí que el Govern haya escogido un lugar de peregrinaje a 2.000 metros de altura al que se llega en el mítico Cremallera, gestionado por Ferrocarrils de la Generalitat y cuyo presidente se hará cargo de la recepción. “Queremos poner en valor lo que es nuestro”, explican fuentes gubernamentales tras el varapalo que ha supuesto en las últimas semanas gestionar el caos de Rodalies con el Parlament reclamando la dimisión a la consellera Sílvia Paneque. El objetivo del president es hacer un paréntesis para “reflexionar”, analizar el contexto político, hacer seguimiento del plan del Executiu conselleria por conselleria alejándose de la vorágine del día a día y tejer la estrategia para lograr sus objetivos.
“Nadie dijo que fuera fácil”
Illa situó en Poblet la economía, Rodalies y la oficialidad del catalán en Europa como tres de sus prioridades para afianzar una legislatura que nació con un Govern del PSC en minoría con el plácet de ERC y Comuns. El tiempo ha constatado dificultades en los tres frentes, además de tener en el horizonte la financiación singular, el gran elefante en la habitación. La mayoría de la investidura ha operado hasta ahora, pero entonces no sabía que no podría aprobar nuevos presupuestos en 2025 ni que se desencadenaría el caos en la red ferroviaria en plena negociación del traspaso. “Nadie dijo que fuera fácil”, suelen responder en Palau tratando siempre de exhibir sosiego, pese ahora hay quien empieza a trasmitir inquietud.
Para el escenario de cuentas prorrogadas Illa tiene un plan B, que pasa por disponer de una ampliación de crédito de 4.000 millones de euros, pero no está siendo tan fácil como hubiera querido. Está a la mitad del camino. Ha aprobado un primer suplemento de 2.100 millones -pendiente de validación en el Parlament- que le da para gastos corrientes, pero necesita los otros 1.769 millones para ir más allá de la inercia e impulsar los proyectos que tiene en cartera. ERC lo sabe y no lo pone fácil, ni para que se apruebe rápido ni para hacerlo en un solo decreto, como querrían los socialistas.
Salvador Illa y Oriol Junqueras, en una Imagen de Archivo / TONI ALBIR / EFE
Si el PSC esperaba que después del congreso con Oriol Junqueras al frente se allanaría el camino y dejaría de depender del calendario de los republicanos, desde la sede de Calàbria se encargan de transmitirle lo contrario. “Son oscilantes semana a semana”, lamentan fuentes del Govern, que añaden que “no tendría sentido” aprobar esos recursos de más en julio. Si se hace, advierten, debe ser ya, motivo por el que han empezado a apretar las tuercas advirtiendo de que del suplemento de crédito dependen cuestiones como la gratuidad de Rodalies, el incremento de salario de los funcionarios y, ahora también, las ayudas a los sectores económicos que se vean afectados por los aranceles de Trump y que el Govern concretará el lunes después de la cumbre con sindicatos y patronales.
Lograr las “palancas”
En el entorno del president son optimistas y ven posible que haya fumata blanca pronto, además de quitar hierro a los tres decretos que no tienen garantizado el apoyo para prosperar la semana que viene en el Parlament. “Se tiene que generar el contexto”, aseguran dando por sentado que cada uno ejerce su rol: el Govern en minoría, gobernar de pacto en pacto; y los socios de investidura, “tensionando” para marcar perfil. Se trata, afirman, de lograr las “palancas” adecuadas que beneficien a todas las partes. “Estamos tranquilos porque el trabajo va saliendo”, resumen. Pero ese grado de imprevisibilidad que admiten que hay en ERC es aún mayor en el frente de los trenes, donde saben que, tras décadas de desinversión, solo queda aplicar paliativos mientras se ejecutan a toda prisa casi 200 obras simultáneas.
Que habrá más incidencias lo dan por descontado, motivo por el que tratan de mejorar la información y tejer una interlocución con las plataformas de usuarios que están canalizando la indignación. Si una cosa descarta hacer Illa -muy a pesar de los que deben gestionar la carpeta ferroviaria directamente- es convertir esta cuestión en un motivo de bronca con el Gobierno de Pedro Sánchez, así que está dispuesto a poner la otra mejilla tanto por Renfe como por Adif hasta que se logre una cierta paz en el servicio. Mientras eso no suceda, el Govern trata de tomar oxígeno en un santuario al que solo se pueda llegar en el ferrocarril que gestiona la Generalitat, el espejo que siempre ha señalado el independentismo cuando reivindica un servicio en el que los trenes lleguen a tiempo.