Junts prepara el nuevo curso político con una doble estrategia. En el Parlament, la dirección posconvergente seguirá haciendo oposición al Govern de Salvador Illa y no prevé ningún tipo de alianza con los socialistas catalanes. En cambio, en el Congreso, mantendrá la mano tendiendo al PSOE. Aunque fuentes de la cúpula dicen que la “prórroga” que dieron en febrero a Pedro Sánchez no es “indefinida” y siguen denunciando un bajo cumplimiento de los acuerdos de investidura, lo cierto es que por el momento han evitado romper con el Gobierno. Se trata de una dualidad que se ha mantenido durante todo el último año y que se notará ya con la primera asignatura que se abordará en septiembre: la de los Presupuestos Generales del Estado.
En Catalunya, el Govern de Illa no confía en el apoyo de Junts para sacar adelante las cuentas, da preferencia a sus socios prioritarios -ERC y los Comuns-, y tampoco los posconvergentes tienen ninguna intención de entrar en una negociación real con el Executiu. El propósito del partido liderado por Carles Puigdemont es presentarse como alternativa al PSC, por este motivo no le interesa llegar a pactos con la formación. La estrategia del nuevo curso político será seguir marcándole de cerca, a pesar de que en la legislatura anterior las dos formaciones se habían puesto de acuerdo en varias cuestiones sectoriales.
Otra cosa es que Junts acuda a alguna reunión si el Govern le cita y que lo haga con propuestas bajo el brazo, pero las expectativas de entendimiento son nulas. “No nos han contactado. En la última negociación -en 2024- nos llamaron y acudimos, pero fue una reunión de trámite, con zero datos“, lamentan fuentes de la dirección del grupo parlamentario, que prevén que este año acabe ocurriendo la misma circunstancia.
Participar de las reuniones y presentar propuestas legislativas alternativas al Govern permite a Junts no quedar encasillado solo en el papel de “pitufo gruñón”, algo que rechazan; pero su incidencia en el Parlament es escasa dada la actual artimética, PSC, ERC y Comuns suman mayoría y tampoco los independentistas suman.
La Consellera de Economia, Alicia Romero, en conversación con el Presidente del Grupo Parlamentario de Junts, Albert Batet, Y La Portavoz, Mónica Sales. / QUIQUE GARCÍA (EFE)
La formación defiende que si no puede hacer una oposición más proactiva es porque estos tres partidos se alían para entorpecer sus propuestas en la Junta de Portavoces de la Cámara catalana, y descartan que su alianza con el PSOE en Madrid les condiciones de alguna manera. “Ponemos todos los temas encima de la mesa sin ningún temor y sin que nos tiemble nada. Somos duros y críticos cuando hay desaguisado y, como grupo parlamentario, tenemos las manos libres para trabajar con toda la fuerza”, defienden las mismas fuentes.
Las cuentas de Sánchez
El escenario es diametralmente opuesto en Madrid. Allí sí que los votos de Junts son imprescindibles para la acción legislativa de Sánchez y, aunque las relaciones no pasan por su mejor momento, no se prevé una ruptura a corto plazo. En su última aparición pública, en Francia, Puigdemont avisó al PSOE de que no puede dar sus votos por descontados, pero su discurso quedó muy lejos de sonar a ultimátum. Ni el bajo cumplimiento de los acuerdos, ni los casos de corrupción que han asediado a Sánchez, han desbaratado una alianza que para los posconvergentes es estratégica.
Actualmente, el Congreso es la única cámara donde tienen un papel institucional influyente, ya que en el Parlament están fuera de la mayoría que sustenta a Illa y, a nivel municipal, la alcaldía más importante que tienen es la de Sant Cugat del Vallès.
Antes de irse de vacaciones de verano, Sánchez confirmó que intentará acordar y presentar los presupuestos de 2026, serían sus primeras cuentas de la legislatura dos años después de ser investido, aunque también defendió que no convocaría elecciones anticipadas si no lograba sacarlas adelante. Si se acaba abriendo la negociación, nadie duda de que Junts participará de las conversaciones, pero también se da por hecho que las condiciones que pondrá encima de la mesa serán elevadas.
Hace justo un año, los siete diputados de Puigdemont en el Congreso tumbaron la senda de estabilidad, el paso previo para la elaboración de las cuentas. Entonces pidieron mecanismos para compensar la baja ejecución de los últimos presupuestos, y hasta llegaron a cifrar en 50.000 millones la “deuda pendiente”. Sobre las nuevas cifras aún no se han pronunciado públicamente, pero la máxima será la misma que explicitaban entonces: “Primero pagar y después negociar”.
La Portavoz de Junts en El Congreso, Miriam Nogueras, en el Congreso. / Fernando Sánchez
Sin embargo, más allá de la dureza discursiva, los presupuestos son la principal arma que tiene Junts -igual que el resto de socios de Sánchez- para forzar el PSOE a cumplir los pactos pendientes, ya que el balance a medio mandato está en números rojos. La amnistía no ha servido aún para que Puigdemont pueda volver a Catalunya, y tampoco se han hecho efectivas otras carpetas importantes para Junts como la de la oficialidad del catalán en la UE o el traspaso de competencias en inmigración a la Generalitat.
Que haya algún avance en estas tres cuestiones es importante para que Puigdemont pueda justificar el cambio de estrategia de julio de 2023, antes de las últimas elecciones generales el partido vetaba los pactos con los socialistas. Pero más allá de las grandes cuestiones, para los de Puigdemont también es importante el día a día parlamentario, porque es una forma de poder venderse como un partido útil. Por este motivo, Puigdemont habla ahora del “método Junts”. La estrategia, según explicó el expresident en su última aparición pública, se basa en plantearse “cuatro preguntas básicas” antes de decidir su voto en cualquier iniciativa: si es “positiva” para los catalanes, si “respeta” las competencias de la Generalitat, si es “útil” para la independencia y si se han tenido en cuenta sus propuestas durante la negociación.
Los posconvergentes han descartado en múltiples ocasiones sumarse a una moción de censura con PP y Vox para relevar al socialista del poder, llegando a tachar de “fantasía” esta posibilidad. Lo que sí podrían hacer es dificultar la continuidad de Sánchez torpedeando su agenda legislativa, como ya han hecho en más de una ocasión. Pero la alternativa a seguir apoyando a Sánchez no es atractiva para Junts, porque podría perder su principal plaza de poder.
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