Misofonía relacionada con dificultad para cambiar el enfoque emocional: ScienceAlert

La audición implica algo más que los oídos: está íntimamente relacionada con la forma en que pensamos y sentimos.

Un estudio reciente ha arrojado luz sobre los posibles vínculos entre la audición, las emociones y la cognición al investigar la misofonía, una condición en la que alguien experimenta una respuesta emocional extrema a sonidos particulares.

Si alguna vez te has sentido inexplicablemente furioso ante el sonido de alguien masticando o haciendo clic en un bolígrafo, es posible que tengas una idea de lo que experimentan las personas con misofonía.

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Los desencadenantes pueden ser sonidos emitidos por el cuerpo humano: alguien comiendo patatas fritas, haciendo crujir los nudillos o respirando con dificultad. Pero no se trata sólo de sonidos corporales; el tictac de un reloj o el ladrido de un perro pueden provocar la misma reacción intensa.

El ladrido de un perro puede provocar intensas reacciones emocionales. (Capuski/Firma de Getty Images/Canva)

Las respuestas emocionales van desde la irritación hasta la rabia y el disgusto en toda regla. Estos tampoco son sólo sentimientos. Físicamente, las personas con misofonía experimentan respuestas de lucha o huida cuando escuchan sonidos desencadenantes.

Para algunos, la condición se vuelve tan debilitante que evitan situaciones en las que podrían encontrar estos sonidos, que pueden afectar seriamente su vida y sus relaciones diarias.

Pero ¿por qué ciertos sonidos provocan reacciones tan extremas? El nuevo estudio sugiere que a las personas con misofonía les puede resultar más difícil cambiar el enfoque entre información emocional y no emocional, una habilidad conocida como “flexibilidad afectiva”.

Los investigadores evaluaron a 140 adultos con una edad promedio de 30 años, incluidos aquellos con síntomas de misofonía clínicamente significativos y aquellos cuyos síntomas no cumplían con los umbrales clínicos.

Los participantes completaron una tarea de memoria y flexibilidad afectiva, que incluía tanto tareas de memoria como tareas emocionales utilizando imágenes en lugar de sonidos.

Se pidió a los participantes que alternaran entre recordar detalles y juzgar el contenido emocional de las imágenes. Los investigadores encontraron que la gravedad de la misofonía de una persona estaba asociada con su capacidad para responder con precisión a tareas emocionales.

Una misofonía más grave se asoció con una peor precisión en estas tareas, lo que sugiere una menor flexibilidad mental al lidiar con estímulos emocionales.

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Según las respuestas al cuestionario, las personas con misofonía más grave también mostraron una mayor tendencia a reflexionar. La rumia se refiere a quedarse atrapado en pensamientos negativos sobre el pasado, el presente o el futuro, lo que puede causar angustia.

Vale la pena señalar que los cuestionarios no trataban específicamente de reflexionar sobre las experiencias de misofonía; se trataba de una tendencia general a quedarse estancado en patrones de pensamiento negativos.

La rumia es un síntoma de diversas afecciones de salud mental, como ansiedad, depresión y trastorno obsesivo-compulsivo. Este vínculo entre la misofonía y la rumiación sugiere que la afección puede estar relacionada con la forma en que las personas procesan las emociones en general, no solo con la forma en que reaccionan ante ciertos sonidos.

hombre con los dedos en las orejas
La misofonía podría estar relacionada con la forma en que las personas procesan las emociones. (SIfotografía/Getty Images Pro/Canva)

Estos hallazgos resaltan cuán complejas pueden ser nuestras experiencias con el sonido. La audición realmente es mucho más que el simple hecho de que el oído haga su trabajo. Una misofonía más grave puede estar relacionada con una menor flexibilidad mental en torno a situaciones emocionales y un hábito más fuerte de pensamiento negativo.

Es crucial comprender que estos hallazgos reflejan una correlación, no una causalidad. No podemos decir que la reducción de la flexibilidad mental cause misofonía, o que la misofonía cause una reducción de la flexibilidad. La relación podría funcionar de cualquier manera, o ambas podrían verse influenciadas por algún otro factor completamente. Aún así, los investigadores sugieren que estos hallazgos pueden ayudar a informar cómo se diagnostica la misofonía en el futuro.

Hay algunas limitaciones a considerar. La tarea de memoria y flexibilidad afectiva es nueva desde este año, por lo que hay datos limitados sobre su funcionamiento. También sería útil para futuras investigaciones utilizar sonidos en lugar de imágenes para comprender mejor cómo se relacionan los estímulos emocionales visuales versus auditivos con la misofonía.

El estudio tampoco utilizó una tarea de control para comparar el cambio de tareas emocionales con el cambio de tareas no emocionales, lo que habría fortalecido los hallazgos.
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La misofonía sigue siendo un área de investigación poco explorada. No sabemos realmente qué tan común es en todo el mundo y la investigación sobre el tratamiento aún se encuentra en las primeras etapas. Incluso existe un debate sobre en qué clasificación de trastorno debería agruparse la misofonía, si corresponde.

Para las personas con misofonía, la afección puede alterar gravemente la vida cotidiana. Una exploración más profunda de la diversidad de experiencias auditivas será clave para comprender cómo las personas procesan el sonido y cuál es la mejor manera de aliviar la incomodidad que genera.La conversación

Helen E. Nuttall, profesora titular de neurociencia cognitiva, Universidad de Lancaster

Este artículo se vuelve a publicar desde The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lea el artículo original.