Los físicos reducen un océano al ancho de un cabello

Imagínese intentar recrear el Océano Pacífico en algo más pequeño que un grano de arroz. Eso es esencialmente lo que han hecho los físicos de la Universidad de Queensland, construyendo lo que llaman el tanque de olas más pequeño del mundo en un chip de silicio. El dispositivo utiliza una capa de helio superfluido de sólo unas millonésimas de milímetro de espesor para estudiar los mismos tipos de física ondulatoria que gobiernan los tsunamis, las olas rebeldes y los remolinos de los huracanes.

La técnica evita uno de los mayores dolores de cabeza en la investigación de la dinámica de fluidos: la escala. Los laboratorios de olas tradicionales utilizan enormes canales, que a veces se extienden a cientos de metros, para modelar la dinámica de las aguas poco profundas. Esos experimentos pueden tardar días en realizarse y aún así capturar solo una fracción de la complejidad que se encuentra en la naturaleza. Por el contrario, el tanque de ondas microscópico del equipo de Queensland comprime las mismas observaciones en milisegundos.

Por qué el helio superfluido funciona donde el agua no

El ingrediente secreto es el helio superfluido, un fluido cuántico que fluye sin resistencia. Los fluidos regulares como el agua se vuelven lentos y pegajosos a escalas microscópicas, un problema llamado viscosidad. El helio superfluido no tiene ese problema. Se desliza sobre superficies sin fricción, lo que lo hace ideal para estudiar el comportamiento de las ondas en espacios tan pequeños con los que de otro modo sería imposible trabajar.

El Dr. Christopher Baker, que dirigió la investigación, describió la ventaja en términos sencillos:

“Utilizando luz láser para impulsar y medir las ondas en nuestro sistema, hemos observado una variedad de fenómenos sorprendentes. Vimos ondas que se inclinaban hacia atrás en lugar de hacia adelante, frentes de choque y ondas solitarias conocidas como solitones que viajaban como depresiones en lugar de picos”.

Esos comportamientos, añadió, habían sido predichos por la teoría pero nunca observados directamente. La configuración a escala de chip permitió al equipo aumentar las no linealidades que impulsan el movimiento ondulatorio complejo más de 100.000 veces en comparación con lo que se vería en un canal convencional. Esa amplificación abre la puerta al estudio de la dinámica de las ondas que, de otro modo, sería demasiado sutil o demasiado fugaz para medirla en un laboratorio tradicional.

De la luz láser a los océanos programables

El dispositivo en sí es una maravilla de miniaturización. Una imagen de microscopio electrónico muestra un resonador de cristal fotónico acoplado a una fibra óptica, todo ello recubierto con sólo cinco femtolitros de helio superfluido. Se trata de un volumen diez mil millones de veces más pequeño que el de una gota de lluvia. Todo el conjunto cabe en un chip de 100 micrones de largo, aproximadamente del ancho de un cabello humano.

La luz láser juega dos papeles en la configuración. Genera las ondas y también las mide, una técnica tomada de la optomecánica. Debido a que el chip se fabrica utilizando las mismas técnicas de litografía utilizadas para fabricar circuitos semiconductores, el equipo puede diseñar la gravedad efectiva, la dispersión y la no linealidad del fluido con extraordinaria precisión. El profesor Warwick Bowen, que dirige el Laboratorio de Óptica Cuántica de Queensland, señaló las posibilidades prácticas:

“Los experimentos futuros podrían utilizar la tecnología para descubrir nuevas leyes de la dinámica de fluidos y acelerar el diseño de tecnologías que van desde turbinas hasta cascos de barcos”.

Las implicaciones se extienden más allá de la ingeniería. La turbulencia y el movimiento ondulatorio no lineal dan forma a los patrones climáticos, los sistemas climáticos e incluso la eficiencia de los parques eólicos. Ser capaz de estudiar estos efectos a escala de chip, con precisión de nivel cuántico, podría transformar la forma en que los científicos los modelan y predicen. Los investigadores también sugieren que la plataforma podría usarse para explorar la dinámica de los vórtices cuánticos, un fenómeno que se encuentra en la intersección de la mecánica de fluidos clásica y cuántica.

Los hallazgos fueron publicados en Science y representan una rara convergencia de la física cuántica, la nanofotónica y la hidrodinámica clásica. El enfoque no sólo es más pequeño y más rápido que los métodos tradicionales. También hace posibles ciertos tipos de experimentos que antes estaban fuera de nuestro alcance. Si la visión del equipo se mantiene, los futuros investigadores podrían diseñar canales de ondas programables de la misma manera que los ingenieros diseñan circuitos hoy, ajustando los parámetros sobre la marcha para explorar nuevos regímenes de comportamiento de los fluidos. Por ahora, sin embargo, el logro más simple es también el más sorprendente: construyeron un océano que cabe en un chip.

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