Cuando las temperaturas bajan o las nubes de lluvia comienzan a acumularse en el cielo, muchas personas afirman sentir estos cambios climáticos en sus huesos. Algunos pueden jurar que viejas heridas empiezan a reaparecer, mientras que otros, que padecen problemas musculoesqueléticos existentes, pueden quejarse repentinamente de dolor en las articulaciones.
¿Cuál es la explicación de esta sensación inusual que comparten tantos? Los científicos han estado buscando una respuesta a esta pregunta durante años, pero hasta el día de hoy, el vínculo entre el clima y el dolor aún no se ha desentrañado por completo. Sin embargo, investigaciones anteriores han señalado las fluctuaciones de la presión del aire, la humedad y la velocidad del viento como factores potenciales que conducen a un aumento de los niveles de dolor en determinadas personas.
Leer más: Cuentos de viejas para predecir el clima: ¿en qué se basa la ciencia y qué es solo folclore?
Menos presión, más dolor
Si sufre dolores en las articulaciones durante el clima frío o húmedo, existe la posibilidad de que la causa principal sea un cambio en la presión barométrica, que mide el peso de la atmósfera que presiona la superficie de la Tierra.
Se produce una disminución de la presión barométrica cuando un frente frío atraviesa un área, lo que hace que el aire denso y frío (que desciende) empuje el aire húmedo y cálido (que sube) y lo fuerce hacia arriba. El aire cálido desplazado luego se enfría y se condensa para formar nubes, lo que provoca tormentas y un descenso repentino de la temperatura.
La disminución de la presión barométrica durante un frente frío significa que hay menos presión sobre nuestros cuerpos; Esto puede parecer algo bueno, pero a menudo se asocia con un dolor agravado en personas con afecciones musculoesqueléticas, ya que la falta de compresión en las articulaciones puede hacer que los músculos, tendones y otros tejidos se expandan. Los cambios de presión y el clima frío también pueden alterar la consistencia del líquido sinovial, que actúa como una especie de colchón líquido para las articulaciones al reducir la fricción entre ellas.
Estrés y rigidez en climas fríos
Es probable que aquellos diagnosticados con afecciones como artritis reumatoide, osteoartritis y fibromialgia sean los que sientan más dolor por las caídas de la presión barométrica.
Esto se muestra en un estudio de 2019 en PLOS One que recopiló niveles de dolor autoinformados de 48 pacientes con fibromialgia, una condición de salud crónica que causa dolor en los tejidos de todo el cuerpo. Los participantes del estudio informaron sobre su dolor y estado emocional a través de mensajes de teléfono móvil, que se vincularon con datos meteorológicos correspondientes al momento de los informes.
El estudio encontró que una presión barométrica más baja se asociaba con un mayor nivel de dolor en la mayoría de los participantes. Sin embargo, también se asoció con mayores niveles de estrés. Los investigadores sugieren que esto podría significar que los cambios en la presión barométrica de alguna manera afectan los niveles de estrés en ciertos individuos, aumentando potencialmente los niveles de dolor.
El clima frío puede provocar rigidez e incomodidad en otras personas que también tienen lesiones existentes, incluidas fracturas pasadas, esguinces, ligamentos desgarrados o distensiones musculares. Esto podría deberse a una variedad de factores, como inflamación del tejido que ejerce presión sobre los nervios, constricción de los vasos sanguíneos o tensión muscular.
Las temperaturas frías no son el único cambio climático que causa dolor. Los estudios han demostrado que una mayor humedad (también asociada con una caída de la presión barométrica) exacerba una variedad de problemas de salud, desde artritis hasta migrañas.
Un pronóstico incierto
Aunque este problema parece estar muy extendido, muchos científicos señalan que el vínculo entre el clima y el dolor es confuso y que aún quedan muchas incógnitas. Las investigaciones sobre este tema han arrojado resultados mixtos en el pasado y no han logrado llegar a un verdadero consenso.
Estudios contradictorios incluso han rechazado la idea de que el clima induzca directamente el dolor. Una revisión de 2024 en Seminars in Arthritis and Rheumatism examinó los estudios internacionales existentes sobre el clima y el dolor musculoesquelético y no encontró conexiones significativas entre las condiciones meteorológicas y un aumento en el riesgo de síntomas de dolor de rodilla, cadera o espalda baja.
Decir que se puede predecir cuándo ocurrirá una tormenta basándose en el dolor en las articulaciones puede ser una ligera exageración, pero no se puede negar que muchas personas todavía identifican el dolor con los cambios climáticos. Por ahora, sin embargo, el problema sólo puede atribuirse a teorías.
Este artículo no ofrece asesoramiento médico y debe utilizarse únicamente con fines informativos.
Leer más: Clima versus tiempo: ¿Cuál es la diferencia?
Fuentes del artículo
Nuestros redactores en Discovermagazine.com utilizan estudios revisados por pares y fuentes de alta calidad para nuestros artículos, y nuestros editores revisan la precisión científica y los estándares editoriales. Revise las fuentes utilizadas a continuación para este artículo: