Un huevo de dinosaurio de 70 millones de años revela antiguas pistas sobre su anidación

Las cámaras del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de Vertebrados (LACEV) del Museo Argentino de Ciencias Naturales captaron un hallazgo inesperado: un huevo de dinosaurio de 70 millones de años de antigüedad, sorprendentemente bien conservado. El equipo, dirigido por el paleontólogo argentino Federico Agnolín, cree que podría ser el primer huevo completo de un dinosaurio carnívoro jamás encontrado en Sudamérica, y que incluso podría contener restos embrionarios en su interior.

Agnolín y su colega Matías Motta decidieron mantener el descubrimiento en secreto hasta que sea revelado durante una transmisión en vivo. Compartieron la noticia con sus colegas y el público simultáneamente. La reacción fue inmediata: asombro, gritos, incredulidad. El momento rápidamente se volvió viral, según la transmisión en vivo.

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Una joya de la corona paleontológica

Fue la revelación de la joya de la corona de la Expedición Cretácica I, la primera campaña paleontológica jamás transmitida en vivo en línea, que ya había producido otros descubrimientos importantes: fósiles de dos tipos de dinosaurios con pico de pato, un dinosaurio de cuello largo, todos probablemente nuevos para la ciencia, y restos de pequeños mamíferos prehistóricos, no más grandes que ratones.

“Ya fue una campaña completamente exitosa porque habíamos encontrado ejemplares muy valiosos”, afirma Agnolín. “Pero tuvimos la suerte de encontrar este huevo”. Desde entonces, el descubrimiento se ha ganado la reputación de ser un auténtico “unicornio” de la paleontología.

Un fósil extraordinario

Los huevos fosilizados de dinosaurios carnívoros son extremadamente raros y el excepcional estado de conservación de este espécimen lo convierte en uno de los más notables jamás encontrados.

“Es el más completo, el mejor conservado y probablemente pertenezca a una especie aún desconocida para la ciencia”, apunta Agnolín.

La forma del huevo ya ofrece una pista: al ser ovalado -más parecido al de un ave moderna- se le asocia con un dinosaurio carnívoro, ya que los huevos de saurópodos, los de los gigantes de cuello largo, son más esféricos y tienen una cáscara más gruesa.

“Se volvió blanco después de haber estado expuesto a los elementos durante tanto tiempo. Lo miré y no podía creer que fuera un fósil”, recuerda el paleontólogo.

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¿A quién pertenecía el huevo fosilizado?

En un principio, los investigadores pensaron que el huevo podría pertenecer a Bonapartenykus, un pequeño terópodo carnívoro del Cretácico Superior que habitaba la zona, pero luego esa hipótesis fue descartada.

“Tiene una ornamentación muy diferente”, explica Agnolín, tras comparar el hallazgo con fragmentos de huevos conocidos anteriormente. “Creemos que estamos ante otro tipo de dinosaurio carnívoro, quizás uno cuya forma adulta aún no se conoce”, añade.

Para identificar definitivamente al animal que lo depositó, el equipo deberá analizar en detalle las capas microscópicas que componen el caparazón. Planean escanear el óvulo con una micro-CT antes de fin de año y, al igual que con el descubrimiento inicial, transmitir el proceso en vivo, para que los científicos y el público puedan “ser sorprendidos o decepcionados en tiempo real”.

“Veremos si en su interior se conservan los restos del esqueleto del embrión. Tengo esperanzas, pero sé que es muy improbable”, advierte Agnolín.

Se han encontrado embriones de dinosaurios en otras partes del mundo, pero son extremadamente raros. En Argentina sólo se han descubierto embriones de saurópodos, nunca de especies carnívoras.

Si este óvulo contiene un embrión, ofrecería una oportunidad excepcional para aprender más sobre su postura, crecimiento e incluso su sistema respiratorio.

Vecinos del período Cretácico

Junto al huevo, en la misma zona de la famosa Formación Allen en la provincia de Río Negro, los investigadores también descubrieron Rocasaurus muniozi, un titanosaurio que respiraba como pájaros, según el Instituto de Investigaciones en Paleobiología y Geología. El equipo encontró fragmentos de huevos adicionales y cáscaras erosionadas que parecen formar un nido. Este conjunto podría proporcionar información sin precedentes sobre el cuidado de los padres y el comportamiento reproductivo de los dinosaurios carnívoros poco antes de la gran extinción del Cretácico.

“No se conoce ni un solo nido de dinosaurio carnívoro en América del Sur”, señala Agnolín.

Continúa explicando el significado del hallazgo:

“Estos animales son los antepasados ​​de las aves. Así que este nido y estos huevos seguramente nos ayudarán a comprender lo que sucedió durante esa transición. Pensemos en un reptil, como un lagarto o una tortuga: cavan un hoyo y dejan caer sus huevos. En contraste, las aves modernas construyen nidos, ponen sus huevos, los incuban y crían a sus polluelos. Las aves de hoy tienen un comportamiento reproductivo muy complejo”.

Linaje de aves prehistóricas

Los dinosaurios carnívoros se encontraban justo en el medio. Y es por eso que Agnolín cree que este descubrimiento puede ofrecer pistas sobre cómo evolucionaron los comportamientos de anidación y por qué las aves comenzaron a construir nidos y a cuidar a sus crías.

“Un esqueleto no te dice nada de eso”, añade. “No revela si el animal cuidaba a su descendencia, o si era social o solitario. Un nido, por el contrario, sí lo hace. Y eso es lo fascinante. Nos permite vislumbrar el comportamiento de los animales que vivieron hace 70 millones de años. Ese es el verdadero valor de este descubrimiento”.

Pero detrás del descubrimiento había una apuesta sin precedentes: hacer paleontología en tiempo real, ante miles de espectadores conectados.

“Hacía tiempo que queríamos mostrar cómo es realmente nuestro trabajo”, dice Agnolín. “No sólo el hallazgo final, sino todo el proceso: cómo pensamos, cómo excavamos, cómo descubrimos las piezas”.

La idea surgió tras ver retransmisiones en directo de una expedición submarina que había despertado un interés público inesperado.

“Nos dimos cuenta de que la gente estaba realmente interesada en observar la ciencia”, dice. Así nació la Expedición Cretácica I, una campaña que se convirtió en un espectáculo colectivo de descubrimiento que culminó en un hallazgo tan único como el momento en que se compartió.

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