La solución estaba en en el proyecto de ley sobre los archivos de Epstein. Lo que se suponía que iba a suceder era que el presidente Mike Johnson aprobaría el proyecto de ley que obligaba a la liberación a través de la Cámara, y luego se suponía que el líder de la mayoría, John Thune, empantanaría el proyecto de ley en el Senado alegando que la legislación necesitaba correcciones y reescrituras.
Al parecer, se suponía que el proyecto de ley quedaría atrapado en un bucle interminable del proceso del Senado y los archivos no se publicarían.
Lo que terminó sucediendo fue que Chuck Schumer inmediatamente actuó para aprobar la legislación mediante consentimiento. Por alguna razón, ningún republicano se opuso, por lo que el proyecto de ley fue aprobado por el Senado y llegó al escritorio de Trump.
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Según Politico, este acontecimiento dejó a Trump y a la Casa Blanca frustrados y jurando venganza:
La ofensiva de la administración se produce en medio de una intensa frustración por parte del presidente y su personal de alto nivel, quienes dicen que unos pocos republicanos descarriados trabajaron con los demócratas para llevar una “distracción” al primer plano. Además, los funcionarios de la Casa Blanca temen que ninguna divulgación sea suficiente para satisfacer a una parte importante de su base.
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El plan de ataque –una táctica muy usada por el presidente– pondrá a prueba si Trump todavía tiene la fuerza política para intimidar a la gente y hacer que quienes lo desafíen paguen un precio político. Se produce mientras surgen dudas sobre si el presidente ha perdido su control férreo sobre el Partido Republicano y está entrando en su período saliente.
El presidente Mike Johnson se convenció a sí mismo de que el Senado iba a enterrar este proyecto de ley, pero se equivocó.
La historia continúa a continuación.