El ex número uno del mundo del tenis en Mallorca, Carlos Moyá, asumió el papel del Rey Melchor mientras Palma celebraba su Desfile de Reyes más grande hasta la fecha, atrayendo a miles de niños y familias al centro de la ciudad para las tradicionales festividades de Epifanía. Moyá llegó por mar a bordo del Rafael Verdera junto a Gaspar y Baltasar, tocando tierra en el Moll Vell tras una breve pausa bajo la lluvia que garantizó la seguridad y disfrute de la numerosa multitud.
Tras su llegada, los Reyes fueron recibidos por autoridades municipales, entre ellas el alcalde Jaime Martínez, la concejala Lourdes Roca y el presidente de la Autoridad Portuaria de Baleares, José Javier Sanz Fernández, quienes les dieron la bienvenida formal a Palma y les entregaron la simbólica llave de la ciudad. A partir de ahí, la procesión inició su recorrido por el centro histórico, con multitudes alineándose en las calles para ver a los visitantes reales.
La celebración de este año marcó un nuevo hito, con 22 carrozas y trajes actualizados en lo que se convirtió en la Cabalgata de Reyes Magos más larga jamás celebrada en Palma. El recorrido culminaba en la plaza de Cort, donde posteriormente los Reyes se presentaron en el balcón del Ayuntamiento para dirigirse al público. Uno de los momentos más destacados de la ceremonia inaugural se produjo cuando el rey Gaspar pronunció un mensaje poético que fue traducido simultáneamente a lengua de signos, destacando el enfoque inclusivo del evento.
Inspirado en el tema La llum d’Orient i els oficis d’arrel, el desfile combinó espectáculo con identidad local. Los artistas iban desde policías montados, músicos y figuras tradicionales hasta patinadores, cantantes y bailarines. Una serie de carrozas rindieron homenaje a la artesanía mallorquina y las costumbres festivas, mientras que las favoritas de las familias incluyeron una carroza donde los niños intercambiaban chupetes por dulces y otra que representaba las miles de cartas enviadas a los Reyes antes de la Epifanía.
Cada uno de los Reyes Magos estuvo acompañado por un colorido séquito real que reflejaba diferentes partes del mundo, con música, acrobacias y trajes elaborados que contribuyeron a la atmósfera. La velada finalizó con la tradicional carroza del carbón, seguida de la aparición en el balcón de Melchor, Gaspar y Baltasar para agradecer al público. En total participaron alrededor de 400 personas y se repartieron más de cuatro toneladas de dulces, cerrando con alegría la celebración.