A medida que aumenta la pobreza de los pensionistas, el dinero público sigue gastándose en el extranjero y a través de sistemas mal controlados en el país. Esto es una falla de prioridades, no de recursos, y esto plantea las preguntas que los líderes británicos se niegan a responder.
A Gran Bretaña se le dice constantemente que se deben tomar “decisiones difíciles”. Que el país está arruinado. Que el armario está vacío. Ese sacrificio –siempre realizado por las mismas personas– es inevitable. Pero cuando se examina honestamente el gasto público, esta narrativa se desmorona.
En cambio, lo que emerge no es una nación sin dinero, sino un gobierno sin prioridades, se tolera el despilfarro, se disculpa la mala gestión, miles de millones fluyen hacia afuera o desaparecen en agujeros negros burocráticos, mientras a los pensionados y a las familias trabajadoras se les dice que se ajusten el cinturón una vez más.
Hay cuatro preguntas que los líderes británicos se niegan a responder, porque responderlas expondría cuán profundamente el sistema está fallando a quienes construyeron este país y a quienes los gobiernan.
1. ¿Por qué está aumentando el fraude en las prestaciones mientras los pensionados y las familias trabajadoras se ven sumidos en mayores dificultades?
Los sucesivos gobiernos han prometido tomar medidas enérgicas contra el abuso de la asistencia social, pero el fraude sigue aumentando. Una minoría considera los beneficios como un estilo de vida y no como una red de seguridad, y el Estado no ha logrado controlarlo. Una aplicación adecuada de la ley ahorraría mucho más que atacar repetidamente a los pensionados; sin embargo, son los pensionados a quienes se les pide que paguen el precio.
Hoy en día, alrededor de 2,2 millones de pensionados viven en la pobreza, muchos de ellos obligados a elegir entre calefacción y comida después de toda una vida de trabajo, contribuciones fiscales y servicios. Recortar o retrasar el apoyo a las pensiones no ayuda en nada a solucionar el abuso sistémico. Simplemente castiga a los menos capaces de afrontar la situación. La pregunta es simple: ¿por qué perseguir los centavos de los pensionados mientras se permite que millones se filtren a través del fraude?
2. ¿Por qué el Reino Unido continúa enviando ayuda e inversiones al extranjero sin una rendición de cuentas significativa?
En los últimos años, el Reino Unido ha canalizado decenas de millones hacia programas policiales y de seguridad en el extranjero, incluida la financiación para las Fuerzas de Seguridad Interna del Líbano. Mientras tanto, British International Investment (el brazo financiero del propio gobierno) ha invertido más de 30 millones de euros en una empresa francesa de tecnología agrícola que produce proteínas a base de insectos.
En principio, la inversión extranjera puede estar justificada. Pero en la práctica, plantea serias dudas sobre las prioridades. A los pensionados se les dice que “no hay dinero” para financiar la calefacción en invierno, pero los fondos públicos se despliegan en el extranjero con un escrutinio mínimo y sin debate democrático. Antes de la generosidad viene la responsabilidad. Antes de la inversión extranjera viene la responsabilidad interna.
3. ¿Por qué se gastan miles de millones cada año en alojamiento de emergencia y procesos legales para personas que nunca han contribuido a la economía del Reino Unido?
El Reino Unido ahora gasta entre 4.000 y 5.000 millones de libras al año en alojamiento y apoyo para personas en situación de asilo, incluidos entre 2.000 y 3.000 millones de libras sólo en hoteles. Otros 139 millones de libras se destinan al sistema legal de inmigración y asilo.
No se trata de compasión. Un sistema de asilo humano es esencial. Pero humano no significa descontrolado, ineficiente o financieramente ilimitado. Gran Bretaña no puede seguir invirtiendo miles de millones en medidas de emergencia mientras afirma que no puede permitirse el lujo de mantener a sus propios pensionados.
4. ¿Por qué nadie ha rendido cuentas por las enormes sumas de dinero desperdiciadas durante la COVID?
Se perdieron miles de millones en contratos fallidos de PPE, equipos inutilizables y acuerdos que arrojaron poco o nada. Se ha recuperado muy poco. Casi nadie ha afrontado las consecuencias. Ese dinero podría haber transformado la atención social, protegido a los pensionados durante repetidos inviernos y fortalecido los servicios de primera línea durante una generación.
Un patrón demasiado consistente para ignorarlo
Estos no son fallos aislados, sino que forman un patrón claro:
Siempre hay dinero disponible para gastos en el extranjero, despilfarros y sistemas mal controlados, pero nunca para los pensionados.
Gran Bretaña no tiene escasez de recursos. Le falta coraje político, responsabilidad y claridad moral. Hasta que quienes están en el poder respondan a estas preguntas, los pensionados seguirán pagando por fracasos que no son suyos.
