Bostezar tiene un efecto inusual e inesperado sobre el flujo de líquido que protege el cerebro, revela un estudio reciente, aunque aún no está claro cuál podría ser el impacto de este cambio.
Según investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Australia, los hallazgos podrían proporcionar una pista crucial para comprender por qué los humanos (y muchas otras especies) desarrollaron la capacidad de bostezar.
El equipo de investigación utilizó resonancia magnética para escanear las cabezas y el cuello de 22 participantes sanos mientras se les pedía que bostezaran, respiraran profundamente, reprimieran los bostezos y respiraran normalmente.
Dado que el bostezo y la respiración profunda comparten mecanismos similares, los investigadores esperaban que se vieran similares en las exploraciones. Sorprendentemente, las imágenes revelaron una diferencia clave: a diferencia de las respiraciones profundas, los bostezos envían líquido cefalorraquídeo (LCR) lejos del cerebro.
“El bostezo provocaba un movimiento del LCR en dirección opuesta al de una respiración profunda”, dijo el neurocientífico Adam Martinac a James Woodford en New Scientist.
“Y nos quedamos ahí sentados como, vaya, definitivamente no esperábamos eso”.
Esto no se observó en todos los casos y ocurrió con menos frecuencia en los hombres, aunque los investigadores advierten que puede deberse a la interferencia del propio escáner.
El análisis también reveló que tanto las respiraciones profundas como los bostezos aumentaron el flujo de sangre que sale del cerebro, dejando más espacio para que se bombee sangre fresca.
El flujo sanguíneo no cambiaba de dirección con los bostezos. Sin embargo, durante sus etapas iniciales, el flujo sanguíneo de la arteria carótida hacia el cerebro aumenta alrededor de un tercio, lo que proporciona evidencia potencial de múltiples razones para este comportamiento.
Además, todos los participantes tenían patrones de bostezo únicos que eran seguidos de cerca cada vez que bostezaban. Es una señal de que todos tenemos nuestro propio generador de patrones central que determina cómo bostezamos.
“Esta flexibilidad podría explicar las variaciones en los patrones de bostezo entre participantes y al mismo tiempo mantener un patrón reconocible y específico de cada individuo; e implica que los patrones de bostezo no se aprenden sino que son un aspecto innato de la programación neurológica”, escriben los investigadores en su artículo.
La siguiente gran pregunta es qué significa todo esto y por qué los bostezos difieren tanto de las respiraciones profundas cuando se trata del LCR, un líquido que mantiene el sistema nervioso central funcionando sin problemas, entregando nutrientes y eliminando desechos.
Una posibilidad planteada por los investigadores es que el bostezo tenga un papel específico en la limpieza del cerebro. Otra idea es que se trata de algún tipo de función de enfriamiento del cerebro en funcionamiento.
Los bostezos parecen estar estrechamente relacionados con el cerebro y el sistema nervioso central: los cerebros más grandes generalmente provocan bostezos más largos, por ejemplo, tal vez una pepita de trivia que puedas compartir con amigos y familiares la próxima vez que bosteces durante un período prolongado.
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El bostezo sigue siendo un fenómeno bastante desconcertante con un propósito en gran medida poco claro, a pesar de ser un comportamiento observado en muchas especies diferentes y que tiende a ser contagioso entre personas y animales.
“Bostezar parece ser un comportamiento altamente adaptativo y una mayor investigación sobre su importancia fisiológica puede resultar fructífera para comprender la homeostasis del sistema nervioso central”, escriben los investigadores.
La investigación aún no ha sido revisada por pares, pero está disponible en bioRxiv.
