Con sólo 500 kilómetros de diámetro, la sexta luna más grande de Saturno cabría cómodamente dentro del Reino Unido, con espacio de sobra.
Sin embargo, una nueva investigación revela que este pequeño mundo de hielo ejerce una influencia electromagnética en distancias que superan el medio millón de kilómetros, más que la distancia entre la Tierra y la Luna.
El descubrimiento surge de un análisis exhaustivo de los datos recopilados por la nave espacial Cassini durante su misión de 13 años a Saturno.
Un equipo internacional dirigido por Lina Hadid en el Laboratoire de Physique de Plasmas de Francia examinó cuatro instrumentos diferentes a bordo de Cassini, reconstruyendo cómo los famosos géiseres de agua de Encelado crean efectos electromagnéticos de gran alcance.
A través de grietas en su helado hemisferio sur, Encelado arroja columnas de vapor de agua y partículas de polvo. Cuando se exponen al entorno de radiación de Saturno, estas moléculas de agua se cargan eléctricamente, formando un plasma que interactúa con el campo magnético del planeta gigante y pasa por la luna.
Esta interacción genera estructuras llamadas alas de Alfvén, ondas electromagnéticas que viajan como vibraciones a lo largo de una cuerda de guitarra pulsada, siguiendo líneas de campo magnético que conectan Encelado con los polos de Saturno.
Lo que hace que este descubrimiento sea notable es la enorme escala y complejidad del sistema. El ala principal de Alfvén no viaja simplemente a Saturno y se disipa. En cambio, se refleja de un lado a otro entre la ionosfera de Saturno en los polos del planeta y el toro de plasma en forma de rosquilla que rodea la órbita de Encelado.
Cada reflejo crea ondas adicionales, construyendo una red similar a una red de estructuras electromagnéticas entrecruzadas que se extienden a través del plano ecuatorial de Saturno y alcanzan altas latitudes norte y sur.
En 36 ocasiones distintas durante la misión de Cassini, la nave espacial detectó firmas de estas ondas a distancias que excedían con creces lo que los investigadores anticiparon originalmente.
El equipo midió las firmas de ondas de Alfvén que se extienden a más de 504.000 kilómetros desde Encelado, más de 2.000 veces el radio de la luna. A modo de comparación, esa es aproximadamente la distancia de Londres a Sydney y viceversa.
“Esta es la primera vez que se observa un alcance electromagnético tan extenso por parte de Encelado”, afirma Thomas Chust de LPP, coautor del estudio.
“Los hallazgos demuestran que esta pequeña luna funciona como un generador de ondas de Alfvén gigante a escala planetaria, haciendo circular energía e impulso por todo el entorno espacial de Saturno”.
La investigación también reveló una estructura a escala fina dentro del ala principal de Alfvén. La turbulencia convierte las ondas en filamentos, ayudándolas a rebotar eficazmente en el toro de plasma de Encelado y alcanzar altas latitudes en la ionosfera de Saturno, donde aparecen las características aurorales asociadas con la luna.
Esta interacción electromagnética entre Encelado y su anfitrión gigante proporciona una plantilla para comprender sistemas similares alrededor de las lunas heladas de Júpiter: Europa, Ganímedes y Calisto, y potencialmente incluso exoplanetas con lunas magnéticamente activas.
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Destaca objetivos científicos cruciales para futuras misiones, incluido el orbitador y módulo de aterrizaje Enceladus planificado por la ESA para la década de 2040, que debería llevar instrumentación capaz de estudiar estas interacciones electromagnéticas con un detalle sin precedentes.
Esta investigación se publica en el Journal of Geophysical Research: Space Physics.
Este artículo fue publicado originalmente por Universe Today. Lea el artículo original.
