Al igual que los delfines, este pequeño pez de arrecife ve y podría estar experimentando con su reflejo

Un pequeño pez de arrecife puede estar haciendo algo que los científicos alguna vez pensaron que se limitaba a mamíferos como los delfines y los grandes simios. En un nuevo estudio, los investigadores informan que los lábridos limpiadores (peces tropicales diminutos conocidos por eliminar parásitos de peces más grandes) no sólo responden a sus reflejos en los espejos, sino que parecen experimentar con ellos. Cuando se les dio acceso a un espejo, algunos peces dejaron caer trozos de comida frente a él y siguieron de cerca cómo se movía el objeto en el reflejo, un comportamiento que los investigadores interpretan como una forma sofisticada de probar cómo funciona el espejo.

Los hallazgos, publicados en Scientific Reports, se suman a la creciente evidencia de que estos peces pueden reconocer y responder a sus propios reflejos de maneras que van más allá de simples reacciones.

“Estos hallazgos en el lábrido limpiador sugieren que la autoconciencia puede no haber evolucionado sólo en un número limitado de especies que pasaron la prueba del espejo, sino que puede ser más prevalente en una gama más amplia de grupos taxonómicos, incluidos los peces”, dijo el autor del estudio, Shumpei Sogawa, en un comunicado de prensa.

Autoreconocimiento en los animales

La prueba del espejo es un experimento clásico que se utiliza para probar la cognición animal. En su forma estándar, los investigadores colocan una marca visible en el cuerpo de un animal en un lugar que sólo puede ver con un espejo. Si el animal usa el espejo para inspeccionar o intentar eliminar la marca, los científicos lo interpretan como evidencia de que reconoce el reflejo como sí mismo.

Los lábridos más limpios ya han llamado la atención en experimentos anteriores con espejos. Pero en este estudio, los investigadores cambiaron el orden de los acontecimientos.

En lugar de permitir que los peces se familiarizaran primero con el espejo, el equipo aplicó marcas parecidas a parásitos en el pez antes de introducir el espejo. Incluso los peces que nunca antes habían encontrado un espejo lo utilizaron rápidamente para localizar y raspar la marca.

En algunos casos, el comportamiento de raspado comenzó dentro de la primera hora de exposición al espejo, mucho más rápido que en experimentos anteriores en los que los peces tenían días para adaptarse al espejo antes de ser marcados.

Los investigadores sugieren que es posible que los peces ya hayan sentido algo inusual en sus cuerpos. Cuando apareció el espejo, proporcionó una confirmación visual, provocando una respuesta inmediata.

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Dejar caer camarones para probar el reflejo

El comportamiento más inesperado se produjo días después. Los investigadores observaron que un pez limpiador recogía pequeños trozos de camarón del suelo del tanque y los llevaba hacia el espejo. El pez soltaba al camarón y seguía su descenso a lo largo de la superficie del espejo, tocando repetidamente el cristal mientras observaba el movimiento reflejado.

En lugar de responder a sus propios cuerpos, los peces parecían estar probando cómo se comportaba un objeto externo en el espacio reflejado.

Los investigadores describen esto como “pruebas de contingencia”, un proceso en el que un animal comprueba si los movimientos en el espejo corresponden a los movimientos en el mundo real. Se han informado comportamientos similares en delfines que liberan burbujas de aire y observan cómo se mueven en reflejo.

Repensar la inteligencia de los peces

La idea de que los peces puedan participar en una exploración basada en espejos desafía las suposiciones arraigadas sobre los límites de la cognición animal.

Los lábridos limpiadores son muy sociables y dependen de interacciones complejas con otros peces mientras limpian los parásitos. Esa inteligencia social puede extenderse a cómo procesan información sobre sí mismos.

Los investigadores advierten que pasar la prueba del espejo no prueba automáticamente una plena conciencia de uno mismo. Pero los experimentos con espejos basados ​​en objetos del pez sugieren un procesamiento flexible y dependiente del contexto en lugar de un simple condicionamiento.

Si se confirman comportamientos similares en otras especies, podría cambiar la forma en que los científicos piensan sobre la evolución del autorreconocimiento.

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