Comenzó con un sonido que nadie ignora.
Los teléfonos móviles sonaron en Torrevieja a las 9:05 de la mañana del miércoles, provocando una ola de alarma en toda la ciudad. Una alerta Es-Alert de emergencia apareció: terremoto. Posible tsunami.
Durante unos segundos de infarto, la confusión se extendió por la ciudad.
No había ningún peligro real, pero lo que siguió fue la simulación de emergencia más grande y compleja jamás realizada en la Comunidad Valenciana.
En tres minutos, el Centro de Coordinación de Emergencias regional recibió un falso informe del Instituto Geográfico Nacional: supuestamente, frente a la costa argelina había ocurrido un terremoto de magnitud 8,5, lo suficientemente fuerte como para generar un tsunami que amenazaría la costa sureste de España. Las autoridades no perdieron el tiempo. A las 09.20 horas se había activado el Plan Territorial de Emergencia por riesgo de tsunami.
Se ordenó la evacuación de diecisiete escuelas. Edificios públicos despejados. Un centro comercial vacío. Los padres recibieron notificaciones. Los vehículos policiales se desplegaron por los cruces clave mientras los bomberos y los equipos médicos se movilizaban.
Luego vino la escalada.
A las 10:20 am, justo cuando los temores de tsunami se redujeron, se produjo un segundo terremoto simulado, esta vez centrado directamente en la falla de Torrevieja. El escenario se intensificó dramáticamente. Los edificios fueron declarados colapsados. Se reportaron daños estructurales. Se temían víctimas.
Inmediatamente se elevó el Plan Especial de Riesgo Sísmico a la Situación 2, el nivel operativo más alto.
Los bomberos confirmaron simulacros de fallos en las construcciones del colegio Nuestra Señora del Rosario y del IES Mare Nostrum. Equipos de búsqueda y rescate, respaldados por perros rastreadores especializados, revisaron los escombros en busca de víctimas “atrapadas”. En un escenario se rescataron diez personas. Se desplegó una unidad de comunicaciones por satélite SATCOM de alta tecnología para garantizar una coordinación ininterrumpida en caso de que fallaran las redes tradicionales.
A las 11:00 horas llegaron los refuerzos. La Unidad Militar de Emergencias (UME) se unió a los bomberos locales, agentes de la Guardia Civil, policías autonómicos, voluntarios de Protección Civil y equipos de Cruz Roja. Llegaron unidades adicionales de Valencia y Castellón mientras el ejercicio probaba, por primera vez, un sistema de respuesta interprovincial unificado que permite una cooperación fluida y sin barreras administrativas.
Como si el caos del terremoto no fuera suficiente, el simulacro añadió otra capa de crisis. A las 11:15 horas, un simulacro de derrumbe de una línea eléctrica provocó un incendio forestal cerca del Auditorio Internacional. Mientras tanto, se enviaron servicios de emergencia al parque acuático Aquopolis, donde un simulacro de estampida puso a prueba los procedimientos de control de multitudes bajo presión.
En total, en la operación de alta intensidad participaron 350 efectivos de emergencia, cuatro helicópteros, drones, unidades de rescate especializadas y más de 800 voluntarios.
A las 12:10, las sirenas callaron.
La destrucción había sido ficticia. La respuesta fue muy real.
El mensaje de Torrevieja fue inequívoco: cuando un desastre ocurre de verdad, esta ciudad tiene la intención de estar preparada.