Una guerra sin estrategia

The Economist: “Es raro que un jefe de gobierno ordene la muerte de otro. Sin embargo, el 28 de febrero, el presidente de Estados Unidos y el primer ministro de Israel hicieron precisamente eso, matando al líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, de 86 años de edad. La decapitación del régimen iraní refleja el devastador éxito operativo de la ‘Operación Furia Épica’. Pero el lugar de Jamenei fue inmediatamente ocupado por un triunvirato. El próximo líder supremo podría ser nombrado pronto; tal vez su propio hijo, a menos que él también muera. Eso augura algo más sutil y preocupante: que la operación no está logrando sus objetivos políticos”.

“Es ingenuo decir, como hacen algunos de los partidarios del señor Trump, que debido a que Jamenei era malvado (y seguramente lo era), cualquier tipo de guerra tiene sentido. Cuando comandas una máquina tan letal y abrumadora como las fuerzas armadas de Estados Unidos, unidas en esta operación con las endurecidas Fuerzas de Defensa de Israel, tienes una responsabilidad especial de definir lo que quieres lograr. Ese no es sólo un requisito ético; también es práctico. Los objetivos de la guerra dirigen la campaña; definen los sacrificios que impone el Estado sobre su propio pueblo y el enemigo; y ellos determinan cuándo debe terminar la lucha”.

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