La Campaneta dice que ya ha tenido suficiente. El pequeño distrito, que alberga a unos 1.200 residentes, ha lanzado una furiosa protesta contra lo que considera años de abandono por parte del Ayuntamiento de Orihuela, y los lugareños advierten que la situación se ha vuelto intolerable. Contenedores rotos, montones de basura, ratas, aceras desmoronadas, falta de repavimentación y baches que se llenan de agua cada vez que llueve se han convertido en símbolos de lo que los residentes llaman abandono total.
En el centro de la revuelta está el alcalde local Francisco Malia, quien dice que ha pasado casi tres años pidiendo mejoras al consejo, sólo para que le digan que espere. Su veredicto es mordaz: La Campaneta se siente olvidada, desestimada y tratada como si no importara. Describe un pueblo donde los residentes se ven obligados a abandonar las aceras y dirigirse a la carretera principal porque incluso se han dejado contenedores de basura bloqueando el acceso de los peatones.
La frustración ahora se ha convertido en ira política. Se ha formado una nueva asociación de vecinos para decir “ya basta”, acusando al ayuntamiento de no proporcionar ni siquiera los servicios más básicos.
Los residentes dicen que Orihuela es demasiado grande, demasiado dispersa y demasiado mal administrada para satisfacer las necesidades de todas sus comunidades periféricas. Su advertencia es explosiva: si este gobierno no puede gobernar, debería dimitir; si el municipio en sí es inviable, entonces se debe considerar seriamente la segregación.
Aunque los concejales han prometido obras menores, incluida la reparación del único parque infantil y la repavimentación cerca de la farmacia, los residentes no están convencidos. Su mensaje es brutalmente claro: actúen ahora, antes de que se permita que La Campaneta se desmorone por completo.