Una red costera de torres de vigilancia que data del siglo XV – The Leader

El sistema de atalayas defensivas que bordea la costa de la provincia de Alicante surgió como respuesta directa a la persistente amenaza de las incursiones piratas berberiscos y otomanas que azotaron las costas del Reino de Valencia desde finales de la Edad Media.

Durante décadas, las comunidades costeras enfrentaron repetidos ataques con una intervención real limitada. Frustradas por esta inacción, las Cortes Valencianas solicitaron repetidamente a la Corona que fortaleciera las defensas costeras. Sus esfuerzos finalmente dieron resultados en 1552, cuando se aseguró el compromiso real de construir una cadena continua de torres de vigilancia y fortificaciones a lo largo de la costa del reino.

El proyecto fue puesto en marcha formalmente el 15 de octubre de 1554 por el virrey, duque de Maqueda, iniciando un programa defensivo a gran escala que condujo a la fortificación de numerosos asentamientos costeros. Construidas principalmente entre los siglos XV y XVII, estas torres formaban una red visual interconectada, ubicadas estratégicamente para que cada estructura permaneciera a la vista de la siguiente. Esta disposición permitió una comunicación rápida a través de señales de humo o fuego, lo que permitió a las poblaciones costeras dar la alarma y organizar evacuaciones en caso de un ataque inminente.

La financiación para la construcción se aseguró mediante impuestos sobre la producción de seda, aprobados por las Cortes en 1547 y 1552, y posteriormente reforzados con una asignación adicional de 100.000 libras en 1564. El resultado fue un sistema defensivo coherente que combinaba la necesidad militar con el control territorial.

Varias de estas torres sobreviven hoy y han sido designadas Bien de Interés Cultural (BIC), incluidas las de la Torre de l’Aguiló, la Torre de El Campello, la Torre del Tamarit, la Torre de Cabo Roig y la Torre de Pilar de la Horadada.

Sin embargo, no todos han conservado su integridad histórica. La Torre del Moro, en Torrevieja, fue demolida y reconstruida en la década de 1970, sólo para ser transformada nuevamente en una estructura de estilo turístico que se parece poco a su forma original. Hoy en día, a pesar de su estatus de protección, se presenta más como una reinterpretación moderna que como un auténtico monumento histórico.

Paradójicamente, sigue siendo el único Sitio de Interés Cultural designado en Torrevieja, mientras que otros lugares de importancia histórica, como las Eras de la Sal y el Acequión, que datan del siglo XV, aún carecen de una protección equivalente.