La Unión Europea ha decidido reforzar los controles sobre los viajes de mascotas con nuevas regulaciones que entrarán en vigor esta semana. El objetivo es hacer más seguros los viajes con mascotas, facilitar el seguimiento de sus movimientos entre países y mejorar los controles sanitarios.
A partir del miércoles 22 de abril será obligatorio que todos los perros y gatos que viajen entre Estados miembros tengan un pasaporte europeo individual para animales de compañía. Este documento será imprescindible para cualquier viaje no comercial dentro de la UE. El pasaporte no es un mero trámite, sino un documento completo que contiene los datos del animal. Incluye información como el número de microchip, la identidad del propietario, el historial de vacunación y los tratamientos veterinarios recibidos, así como la validación del veterinario.
La medida forma parte del Reglamento (UE) 2016/429, actualizado en 2026, a través del cual Bruselas busca armonizar las normas en todos los países de la UE. El objetivo es evitar discrepancias entre las leyes nacionales y cerrar cualquier posible laguna jurídica que pueda facilitar el tráfico ilegal de animales o la falsificación de documentos.
Otro punto clave son los controles sanitarios. Gracias a estas regulaciones, las autoridades podrán verificar más fácilmente que los animales cumplen con los requisitos sanitarios necesarios, reduciendo así el riesgo de propagación de enfermedades entre los animales y, en algunos casos, a los humanos.
En el caso de España, el impacto será limitado, ya que la mayoría de perros y gatos ya cuentan con este pasaporte, que suele expedirse en la clínica veterinaria cuando se les coloca el microchip, como exige la ley. Aun así, los propietarios deben tener en cuenta varios requisitos antes de viajar.
Entre ellas se incluye la vacuna antirrábica, que deberá haber sido administrada al menos 21 días antes del viaje, así como la desparasitación específica en los días previos al viaje. El animal también debe tener al menos 12 semanas de edad y un veterinario debe certificar que se encuentra en buen estado de salud. El incumplimiento de estas normas puede tener graves consecuencias. El animal podría ser detenido en la frontera, puesto en cuarentena o incluso devuelto a su país de origen. Además, los propietarios se enfrentan a sanciones económicas que, en España, pueden alcanzar hasta los 50.000 euros en los casos más graves.