“Quienes nos precedieron construiron sobre piedra, y eso es exactamente lo que nos toca hacer a nosotros: edificar sobre lo sólido, sobre lo que permanece, sobre lo que somos”. Con dos mil años de historia contemplando desde unas piedras declaradas Patrimonio de la Humanidad, María Guardiola ha dejado atrás con su toma de posesión en el Anfiteatro Romano de Mérida cuatro meses de bloqueo inédito en Extremadura.
Con la mirada puesta en el nuevo tiempo político que se abre tras el pacto con Vox (al que no ha hecho referencia explícita), en la misma arena en la que se libraban combates de gladiadores y fieras ha confesado que siente “vértigo, pero no miedo”, y tras jurar la Constitución ha prometido defender sus políticas “con solidez y con entusiasmo”. “Nuestros derechos no van a estar sometidos a ningún vaivén político”, ha clamado.
discurso emocional
Aquella alumna que siempre quiso colaborar; la delegada de clase; la niña que escribió al alcalde de Cáceres, Carlos Sánchez Polo, para pedir una pista donde poder patinar; la joven que estudió y se formó en su tierra, “que trabajó duro y un día decidió encabezar un proyecto político”. El dirigente que sabe “que los cargos pasan y las legislaturas terminan”, ha comparado ante Extremadura como una mujer “serena, agradecida y orgullosa de su tierra” para para reivindicar estabilidad y moderación ante el nuevo tiempo político que se abre en la comunidad.
Guardiola ha construido su discurso desde un registro más emocional que programático, con apelaciones constantes a la unidad, al respeto institucional ya la necesidad de rebajar el ruido después de una etapa de tensión política inédita. “No creo en los muros”, ha afirmado antes de anunciar que “la división nos hace peores, más vulnerables, más erráticos”. Su gobierno, ha prometido, no será “el de los míos frente a los tuyos”, sino un Ejecutivo con “humildad y trabajo” como pilares de una legislatura que debe ser “la del respeto y la del diálogo”.
Vocación de permanencia
La presidenta ha buscado así ensanchar el perímetro político de un gobierno que nace del acuerdo con Vox, pero que ella ha querido presentar bajo una envoltura de centralidad, institucionalidad y vocación de permanencia. “Extremadura está cansada de bandos, de tensiones y de bloqueos”, ha señalado en una intervención en la que ha evitado entrar en medidas concretas y ha preferido fijar el tono del mandato: menos confrontación, más conversación y una idea repetida como hilo conductor: “Extremadura está por encima de cualquiera de nosotros”.
También ha habido espacio para la herida personal. Guardiola ha aludido a los “desencuentros”, las “decepciones”, los “insultos”, los “señalamientos” y los “desprecios públicos” sufridos durante estos meses, y ha denunciado expresamente la “ridiculización”, el “paternalismo” y la “mentira”. No lo ha planteado solo como una defensa propia, sino como una llamada a elevar el debate público. “Podemos debatir duramente, podemos cruzar palabras y hasta deseos, pero somos personas”, ha dicho, antes de advertir de que no quiere que ninguna niña ni ningún niño que sueñe con cambiar su tierra “tenga miedo a dar ese paso”.
Llamada al dialogo
En esa reivindicación de la moderación, Guardiola ha citado expresamente a Irene de Miguel, Álvaro Sánchez Cotrina y Óscar Fernández para reclamar debates “profundos” en la Asamblea, pero desde la conversación pausada. El gesto tenía lectura política. La presidenta ha apelado a la oposición ya su socio de gobierno en el mismo plano institucional, en un intento de presentar la legislatura no como una prolongación del bloqueo, sino como una nueva fase en la que las diferencias convivan dentro de un marco de respeto.
“Nos movemos por Extremadura. Acordamos por Extremadura. Y gobernaremos por y para Extremadura”, ha proclamado. La frase resume el eje del discurso: justificar el pacto con Vox no desde la afinidad, sino desde la responsabilidad y la necesidad de dar salida a una comunidad que ha permanecido cuatro meses pendiente de una negociación compleja. Guardiola no ha explícito el coste político del acuerdo, pero sí ha tratado de marcar sus límites simbólicos al subrayar que los derechos, los servicios públicos, el bienestar y la vida de las personas serán “la máxima prioridad” de la Junta.
La presidenta ha querido lanzar así un mensaje de tranquilidad a quienes miran con recelo el nuevo gobierno de coalición. “No es negociable. No es matizable”, ha remachado sobre la arquitectura social y los derechos. En la arena donde ha buscado el eco de la historia, Guardiola ha abierto su segundo mandato con una promesa de firmeza y moderación: gobernar con Vox, pero reivindicando una voz propia; asumir el vértigo del nuevo tiempo, pero sin admitir miedo.