La popular zona turística de Sóller, en la sierra de Tramuntana de Mallorca, está atravesando últimamente una crisis con graves congestiones de tráfico y falta de viviendas asequibles y se ha revelado que hay 54 solares urbanos vacíos —sin contar los del Puerto— que suman cerca de 80.800 metros cuadrados de suelo sin uso, mientras los residentes son expulsados de su propio municipio. El estudio, realizado por el geógrafo sollerano Antoni Marcús, no sólo perfila el problema sino que identifica claramente las herramientas que ya existen para empezar a revertirlo.
“No estamos hablando de teoría abstracta ni de dibujos sobre papel”, advierte Marcús. Señala que las normas urbanísticas permiten a los ayuntamientos intervenir cuando el suelo urbano permanece bloqueado durante años. Entre las medidas que propone se encuentran la creación de un registro municipal de solares no urbanizables, la posibilidad de que un tercero pueda urbanizar el suelo si el propietario no lo hace, desbloquear zonas urbanísticas estancadas mediante un cambio en su sistema de gestión y, en casos concretos, la expropiación por interés público.
El enfoque es sencillo: activar estos espacios para su uso como vivienda social o vivienda asequible. “Los solares baldíos no deberían ser eternas reservas especulativas”, argumenta el geógrafo, que sostiene que movilizar suelo urbano es, en sí mismo, una política de vivienda. Una política que, a su juicio, no puede seguir postergándose mientras el acceso a la vivienda se convierta en un problema estructural para los sollerenses.
El informe va más allá del urbanismo y añade otro dato clave: según el Instituto Nacional de Estadística, en Sóller hay 1.119 viviendas vacías, miles de metros cuadrados vacíos mientras la demanda residencial sigue creciendo. En este contexto, Marcús destaca herramientas existentes como el programa ‘Lloguer Segur’, que garantiza el pago del alquiler a los propietarios y ofrece alquileres más asequibles, aunque su impacto sigue siendo limitado y plantea dudas sobre la implicación del sector inmobiliario.
En respuesta, propone un “pacto local por la vivienda” en el que el ayuntamiento lidere la elaboración de un auténtico censo de viviendas vacías y facilite su elaboración, mientras que los agentes inmobiliarios aporten su experiencia para movilizar estas propiedades. El mensaje es claro: ‘Menos resignación y más política pública de suelo’, porque el problema no es falta de espacio, sino falta de toma de decisiones.