Muchos en España han señalado la creciente población migrante como una solución al envejecimiento de la población del país. Pero un nuevo estudio realizado por un influyente grupo de expertos ha puesto en duda esta creencia tan extendida.
La migración no es una solución a largo plazo para el envejecimiento de la población española, afirma un nuevo informe.
Esto contradice la creencia generalizada de que el crecimiento demográfico de España será sostenido por los extranjeros en las próximas décadas y se produce en momentos en que el gobierno izquierdista de España aplica amnistías a más de 800.000 inmigrantes indocumentados.
Así se desprende de las conclusiones del estudio. Los límites de la inmigración para el ajuste demográfico en Españapublicado este martes por el think tank Funcas.
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“La inmigración ha permitido sostener el crecimiento poblacional y mitigar los efectos del envejecimiento, pero lo ha hecho a través de un mecanismo que requiere flujos continuos y crecientes, pierde efectividad con el tiempo y no corrige las tendencias subyacentes del desequilibrio demográfico”, explica María Miyar, directora de Estudios Sociales de Funcas.
Según el informe, se necesita más realismo económico para contrarrestar la idea de que la inmigración es una “bendición del cielo” para el rejuvenecimiento de la población en España.
De hecho, algunos en España sostienen que el modelo migratorio simplemente retrasa las consecuencias del envejecimiento de la población y la caída de la tasa de natalidad en la sociedad española.
“España se ha apoyado implícitamente en la inmigración para corregir su desequilibrio demográfico, caracterizado por la caída de las tasas de fertilidad y el envejecimiento de la población. Este análisis sostiene que esta contribución es significativa, pero limitada, ya que, aunque la inmigración puede aliviar temporalmente algunos efectos del cambio demográfico, no resuelve sus causas subyacentes”, señala el estudio.
“El enfoque en sus beneficios inmediatos ha tendido a eclipsar una discusión más rigurosa sobre sus efectos a largo plazo. La inmigración debe entenderse como un factor mitigante, no como una solución permanente al desafío demográfico de España”, añade.
El modelo demográfico español basado en la inmigración ha funcionado “razonablemente bien en el corto plazo”, afirma el estudio, pero ahora muestra signos de agotamiento y el marco temporal se hace “cada vez más estrecho” a medida que los inmigrantes siguen las tendencias de baja natalidad que prevalecen entre la población nativa española.
De hecho, el estudio indica que los nacimientos de madres inmigrantes en España han caído un 10 por ciento entre 2009 y 2024 a pesar del aumento de mujeres en edad fértil en general.
Las tasas de natalidad de los inmigrantes terminan a la larga pareciéndose a las de los españoles nativos con el tiempo. Mientras que en 2002 la media era de casi 2 hijos por mujer migrante y 1,2 por madre autóctona, en 2024 las cifras son casi iguales, con una tasa de natalidad por mujer similar entre las mujeres de origen extranjero (1,3) y las nacidas en España (1,17).
Además, los datos muestran que los inmigrantes tienden a no establecerse en zonas impactadas por el envejecimiento y la despoblación y, por tanto, en las que más los necesitan.
Regiones como Asturias, Galicia y Castilla y León reciben números marginales de inmigrantes, mientras que otras que en realidad tienen una estructura demográfica más favorable, como Cataluña, las Islas Baleares y La Rioja, reciben un número mayor.
“La inmigración y su segunda generación tiene un efecto rejuvenecedor mayor en las regiones que ya están creciendo, mientras que deja sin mejora aquellas donde el envejecimiento de la población es más severo. Se trata de un desajuste que se deriva de la lógica económica de la migración”, concluye Funcas.
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