La carne roja contribuyó a la evolución humana, pero las dietas modernas pueden aumentar el riesgo de enfermedades

Ya casi es temporada de barbacoas, lo que significa que las parrillas de los patios traseros estarán repletas de filetes y hamburguesas durante los próximos meses. Esta es la continuación de una relación entre los humanos y la carne roja que dura millones de años. Según cuenta la historia, la carne roja ayudó a dar forma a la historia humana al alimentar cuerpos en crecimiento, nutrir cerebros en desarrollo y ofrecer una fuente confiable de calorías cuando nuestra supervivencia dependía de ello.

Sin embargo, según una nueva revisión publicada en The Quarterly Review of Biology, los mismos alimentos que alguna vez ayudaron a los humanos a prosperar ahora pueden estar contribuyendo a algunos de los mayores desafíos ambientales y de salud de la era moderna.

Al combinar evidencia de arqueología, biología evolutiva, epidemiología y ciencia molecular, el estudio sugiere que la carne roja se ha convertido en un arma evolutiva de doble filo: alguna vez adaptativa, pero cada vez más problemática en un mundo de sistemas alimentarios industriales y enfermedades crónicas.

Cómo los primeros humanos comían carne roja

Las ideas modernas sobre las dietas prehistóricas a menudo imaginan a los primeros humanos dándose un festín con trozos gigantes de carne. Pero la revisión sugiere que la realidad probablemente fue un poco diferente.

Mucho antes de la aparición del género Homo, los primeros ancestros humanos parecían haber complementado una dieta basada principalmente en plantas con productos animales. La evidencia arqueológica sugiere que los primeros humanos incorporaron gradualmente la carne a sus dietas, no como elemento central de cada comida sino como parte de una estrategia de supervivencia flexible.

Es importante destacar que los investigadores sostienen que los cortes magros de carne muscular (el tipo preferido en muchas dietas modernas) pueden no haber sido la parte más preciada de un animal para nuestros antepasados.

“La prominencia cultural de la carne roja en las dietas euroamericanas modernas, típicamente centradas en filetes y asados, refleja ideales y prejuicios que influyen en las suposiciones sobre las dietas de los primeros homínidos”, dijeron los autores en un comunicado de prensa.

En cambio, los tejidos ricos en calorías como la grasa, la médula ósea, los órganos e incluso la materia cerebral probablemente eran valiosos porque proporcionaban energía densa y nutrientes críticos. Esas grasas pueden haber sido particularmente importantes para el desarrollo del cerebro infantil durante una época en la que el cerebro humano estaba evolucionando rápidamente.

La revisión también desafía la creencia popular de que la carne por sí sola potencia el crecimiento del cerebro humano, y los investigadores señalaron que la proteína no es especialmente densa en energía. En lugar de reconocer a la carne roja como un motor evolutivo singular, el equipo argumenta que el éxito humano probablemente provino de la capacidad de combinar una amplia gama de alimentos vegetales y animales según las oportunidades y las necesidades.

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Cómo la agricultura cambió la dieta humana

Hace entre 10.000 y 12.000 años, la agricultura transformó la dieta humana. A medida que se extendió la agricultura, el suministro de alimentos se volvió más confiable, pero las dietas también se volvieron menos diversas. Los cazadores-recolectores que alguna vez comieron una variedad de alimentos dependieron cada vez más de granos y cereales a medida que se asentaron, un cambio que vino con compensaciones nutricionales.

La deficiencia de hierro, que parece haber sido relativamente poco común antes de esta época, se generalizó a medida que las dietas ricas en cereales interfirieron con la absorción de hierro.

Aún así, la mayor transformación dietética puede haber ocurrido mucho más tarde, cuando la producción industrial de alimentos hizo que la carne roja fuera más abundante, asequible y central que nunca en las comidas.

Por qué la carne roja puede ser dañina en el mundo moderno

Hoy en día, la industria cárnica mundial vale aproximadamente 1,3 billones de dólares y el consumo sigue aumentando. Pero la revisión destaca la creciente evidencia de que nuestros cuerpos (y nuestro planeta) pueden estar pagando un precio más alto.

Grandes estudios epidemiológicos asocian consistentemente el consumo de carnes rojas y procesadas con mayores riesgos de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, cáncer colorrectal y muerte prematura. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasifica la carne procesada como carcinógeno del Grupo 1, mientras que la carne roja no procesada se considera probablemente cancerígena.

El artículo también destaca un proceso biológico exclusivamente humano llamado “xenosialitis”, en el que una molécula de azúcar abundante en la carne roja, llamada Neu5Gc, puede desencadenar una inflamación crónica. Con el tiempo, esa inflamación podría contribuir a la aterosclerosis, la progresión del cáncer e incluso el deterioro cognitivo.

Cuando se trata del planeta, la industria agrícola industrial es responsable de muchos problemas ambientales, incluidas las emisiones de gases de efecto invernadero, la deforestación, la contaminación del agua y la resistencia a los antibióticos.

Sin embargo, los autores enfatizan que el artículo no es un llamado a eliminar por completo la carne roja. En cambio, abogan por que más personas reconozcan que el papel que desempeñó la carne en la supervivencia prehistórica se parece poco a cómo se produce y consume hoy.

“La naturaleza, la escala y el contexto del consumo de carne roja hoy en día difieren drásticamente de los de nuestro pasado evolutivo”, concluyeron los autores.

Este artículo no ofrece asesoramiento médico y debe utilizarse únicamente con fines informativos.

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