Es posible que los tumores no se desarrollen aleatoriamente en todo el cerebro; las moscas de la fruta pueden ayudar a explicar el patrón

Los médicos han observado durante generaciones que los tumores cerebrales no aparecen al azar en todo el cerebro. Ciertos cánceres se agrupan en las mismas regiones, de un paciente a otro. Aunque el patrón era obvio, la razón no lo era.

Ahora, los investigadores que estudian el cerebro de las moscas de la fruta creen haber encontrado parte de la respuesta: el destino de una célula dañada puede depender no sólo de la mutación que porta, sino también del entorno biológico en el que se encuentra.

Los hallazgos, publicados este mes en Proceedings of the National Academy of Sciences, apuntan a una única proteína que puede ayudar a decidir si las células cerebrales anormales se convierten en tumores o permanecen contenidas. El trabajo introduce una nueva forma de pensar sobre el cáncer de cerebro, una en la que la biología de la ubicación de la célula importa tanto como el daño genético en su interior.

Lo que revelan las moscas de la fruta sobre el crecimiento de tumores cerebrales

Las moscas de la fruta son una herramienta de investigación más extraña de lo que parece. A pesar de las diferencias obvias, los cerebros de las moscas se desarrollan según muchas de las mismas reglas biológicas que los cerebros humanos, lo que los hace útiles para estudiar cómo se comportan mal las células.

El equipo de investigación diseñó moscas para que se desactivaran proteínas específicas responsables de mantener la identidad de las células cerebrales maduras. Sin esas proteínas, las neuronas maduras perdieron su identidad especializada y comenzaron a comportarse más como células madre, dividiéndose incontrolablemente y produciendo masas de crecimiento anormal en todo el sistema nervioso central.

Pero el crecimiento anormal no se comportó de manera uniforme. La desactivación de una proteína, llamada Nerfin-1, produjo tumores en el cerebro central y el cordón nervioso ventral, pero dejó intactos los lóbulos ópticos. La desactivación de una proteína diferente, llamada Lola, hizo lo contrario: los tumores aparecieron específicamente en los lóbulos ópticos. La misma categoría de alteración, en el mismo cerebro, produjo resultados completamente diferentes según dónde ocurriera.

Algo en la biología regional del cerebro estaba determinando si el cáncer se afianzaba.

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La proteína que decide si las células cerebrales se convierten en tumores

El rastreo de esa diferencia llevó a los investigadores a una proteína llamada Chinmo, un factor de transcripción temporal que ayuda a regular cómo se desarrollan las células con el tiempo. Su distribución en el cerebro de la mosca se correspondía casi con precisión con las regiones donde se formaban los tumores. Las regiones con Chinmo eran vulnerables al crecimiento de tumores. Las regiones sin él no lo eran.

Luego, el equipo probó si Chinmo realmente estaba impulsando esa diferencia o simplemente se correlacionaba con ella. La reducción de Chinmo en regiones que normalmente desarrollan tumores impidió que se formaran. Su introducción en los lóbulos ópticos, que se habían mostrado resistentes, permitió que se estableciera por primera vez un crecimiento anormal.

Los investigadores también descubrieron que el propio Chinmo está regulado por la ecdisona, una vía de señalización hormonal en las moscas, lo que añade otra capa a la forma en que se establece la vulnerabilidad regional al cáncer durante el desarrollo del cerebro.

Por qué el cáncer de cerebro puede deberse a algo más que mutaciones

La implicación más amplia del estudio es un cambio en cómo se podría entender la formación del cáncer. El marco predominante trata las mutaciones como el principal impulsor: si se acumula una cantidad suficiente del daño genético adecuado, puede aparecer cáncer. Lo que sugiere esta investigación es que el entorno molecular y de desarrollo que rodea a una célula mutada también ayuda a determinar si esa célula se detiene o se le permite crecer.

Los humanos no tienen Chinmo y los hallazgos no pueden relacionarse directamente con el cáncer humano. Pero el estudio plantea la posibilidad de que existan proteínas similares en el cerebro humano, que crean ventanas de vulnerabilidad en regiones específicas donde las células mutadas tienen más probabilidades de escapar de las defensas normales del cuerpo y proliferar.

Si se pueden encontrar esas proteínas, pueden ofrecer una manera de atacar las condiciones que hacen posibles los tumores, en lugar de simplemente tratarlos después de que se forman. Resulta que una mosca de la fruta pudo haber señalado el camino.

Este artículo no ofrece asesoramiento médico y debe utilizarse únicamente con fines informativos.

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