La relación entre la quema de restos de poda y la calidad del aire en Sóller vuelve a estar en el punto de mira. El Ministerio de Energía balear ha licitado un contrato para analizar la presencia de hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), contaminantes asociados a la combustión de materiales orgánicos, con el objetivo de determinar si la quema contribuye a episodios de contaminación en el Valle de Sóller.
En 2022, el entonces alcalde, Carlos Simarro, anunció su intención de redactar una ordenanza que restringiera las quemas en las mañanas de invierno para evitar que se acumulara humo sobre la localidad. La oposición a esto provino principalmente de los agricultores, quienes argumentaron que la quema había sido la norma “desde siempre” temprano en la mañana porque hace demasiado calor más tarde. La propuesta del alcalde se quedó en eso.
El Gobierno regional vuelve ahora a abordar el tema y recurrirá a datos científicos para determinar posibles vínculos con episodios de contaminación.
El próximo otoño, la Unidad Móvil de Calidad del Aire del gobierno medirá los contaminantes comunes del aire y las partículas. Luego se realizarán análisis, para lo cual el Gobierno reconoce que carece del equipamiento necesario, por lo que lo ha licitado. Un laboratorio acreditado analizará sustancias como el benzo(a)pireno y otros hidrocarburos aromáticos policíclicos regulados por la legislación estatal.
Esto llega en un momento en que la calidad del aire es un tema de debate. El informe anual del grupo Soller per l’Aire concluyó recientemente que el centro de Soller no cumplió las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud durante 2025. Sin embargo, precisó que el problema se limita a una veintena de días al año, principalmente en invierno, cuando el aire frío queda atrapado en el fondo del valle e impide la dispersión del humo y las partículas contaminantes.