“Cuando la derecha se irrita con la memoria democrática es porque tiene un complejo de culpabilidad”

La memoria democrática ha ocupado en numerosas ocasiones el centro del debate político. Sobre la mesa permanece una pregunta de fondo: ¿puede una sociedad construir su futuro sin conocer toda la verdad sobre su pasado? Esa es precisamente una de las reflexiones del doctor Francisco Etxeberria, especialista en Medicina Legal, Antropología y Biología Forense. “Cuando la derecha se irrita con estos asuntos será porque tiene un complejo de culpabilidad, pero no son discursos extensos; más bien tratan de diluir la conversación”, afirma Etxeberria.

Dentro del debate político afloran algunas de las principales controversias sobre la memoria democrática. Una de las más recurrentes sostiene que las exhumaciones de víctimas de la Guerra Civil y la dictadura “reabren heridas” en las familias. Pero la experiencia de Francisco Etxeberria apunta en sentido contrario: “No se reabren heridas. Se cierran. Aunque las heridas no se podrán cerrar nunca. Lo que se cierra es una parte del pensamiento y de la tristeza que tienen esas familias desatendidas”. El discurso de los derechos humanos “crece en todo el mundo” y, en ese contexto, las nuevas generaciones desempeñan un papel fundamental. Aunque la dictadura pueda resultar lejana para muchos jóvenes, “sí entienden cuándo una cosa es justa. Y tener una fosa en una cuneta es un hecho injusto”.

Los jóvenes “sí entienden cuándo una cosa es justa, y tener una fosa en una cuneta es un hecho injusto”

Francisco Etxeberria ha dirigido algunas de las investigaciones e identificaciones forenses más relevantes de España. Su trabajo ha contribuido a devolver el nombre y la historia a quienes fueron silenciados y ha convertido la identificación forense en una herramienta al servicio de los derechos humanos y de la reparación de las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista. “Las propias democracias viven involuciones respecto a avances sociales”, apunta el experto, y es precisamente la vulneración de los derechos humanos la que obliga a revisar el pasado desde los valores democráticos actuales: “En España tenemos la certeza de que lo que ocurrió durante la dictadura fue injusto y de que es un asunto que, en democracia, debe ser analizado, respetando el derecho que asiste a los familiares de esas víctimas”.

Ley de Memoria Democrática

La Ley de Memoria Democrática se ha consolidado como uno de los principales avances en este sentido. Entre las medidas que incorpora destaca la creación de un banco estatal de perfiles genéticos para facilitar la identificación de los restos exhumados. Una vez recuperados los cuerpos, comienza un complejo trabajo de comparación entre las muestras de las víctimas y las de sus familiares. Un proceso que presenta importantes dificultades: “Podemos encontrarnos con personas de Andalucía enterradas en Aragón o con personas de Asturias enterradas en Andalucía”.

Para facilitar el trabajo se utilizará una herramienta informática ya implantada en otros países y que España ha decidido adoptar. El sistema pasará en breve por el Consejo de Ministros para su aprobación como herramienta de Seguridad Nacional. A partir de ese momento, los diez laboratorios que actualmente analizan muestras genéticas en España podrán comparar sus resultados entre sí. “Ahí se van a establecer algunas identificaciones. En el ámbito forense esto es fundamental porque se hace un esfuerzo por recuperar los restos, se analiza la causa de la muerte, se interpreta y se orientan los casos en función de la edad o de otras patologías”, explica Etxeberria.

“Podemos encontrarnos con personas de Andalucía enterradas en Aragón o con personas de Asturias enterradas en Andalucía”

Otro de los avances que incorpora la ley es la creación de una fiscalía especializada en derechos humanos y memoria democrática. Desde la entrada en vigor de la norma, cada provincia cuenta con un fiscal encargado de atender a las familias de las víctimas. “Esto significa dar cobertura también a los profesionales forenses que participamos en este trabajo, porque contamos con el respaldo de la Fiscalía. Va a permitir atender a esas familias para que puedan saber lo que ocurrió y, en ese caso, esclarecer los hechos”, explica Etxeberria. El valor de esta intervención va más allá de las exhumaciones. El objetivo es que las investigaciones concluyan con verdades oficialmente reconocidas. “Eso es lo que falta en materia de víctimas. El problema no es solo encontrarlas, sino que lo que les ocurrió no termine de ser oficial en España, porque nunca ha habido un reconocimiento institucional de esos hechos”.

El papel de las mujeres

A lo largo de su trayectoria, Etxeberria ha trabajado en distintos escenarios, como Chile o las Islas Malvinas. En todos ellos, reconoce, ha encontrado un elemento común: “Son las mujeres las que lideran este tipo de esfuerzos y es a través de ellas como se ha adquirido conciencia”. A esa reflexión suma otra: cada vez que se localiza una fosa o se identifica a una víctima, “se está representando a toda una generación”. Una idea que trasciende cada caso individual y da sentido al trabajo de recuperación de la memoria.

Pero, pese al papel protagonista de las mujeres en los procesos de reparación y memoria, todavía queda mucho trabajo por hacer para reconocer la represión específica que ellas sufrieron. Una realidad que, en muchas ocasiones, ha quedado relegada a un segundo plano. «Queda tanto trabajo por hacer en esta materia. Esa consideración no va a requerir ni bioquímicos, ni genetistas forenses, ni patólogos forenses. Va a requerir otro tipo de profesionales», apunta el experto. Entre ellos, destaca el trabajo de la psicología, disciplina que «ya lleva un tiempo estudiando lo que significó esa represión, sin resultado de muerte, pero que tuvo consecuencias sobre mujeres que quedaron vivas y que fueron exiliadas o encarceladas» ¿El motivo de la represión? A veces simplemente se trataba de aquellas que eran madres o incluso hijas de republicanos, «y eso no ha sido suficientemente estudiado».

El olvido del pasado favorece la proliferación de discursos de odio, como los dirigidos contra las personas migrantes, que han aumentado de manera notable en los últimos años. “Se está extendiendo ese discurso del enemigo cercano, que viene a perjudicarnos, que nos va a robar, que nos produce inseguridad”, sostiene el experto. En este ámbito hay, incluso, un paralelismo con el franquismo: “Existieron franquistas por miedo. Franco no les convencía mucho, pero el miedo les hacía ser franquistas”. Su conclusión es, en este sentido, clara: “No hay democracia que pueda afianzarse en valores sin memoria”.

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