contra Pedro Sánchez, por el poder municipal y frente a Vox

El PP ya viste de uniforme. El acto del pasado viernes en Málaga, presentado como inicio del curso político pero con aroma de mitin de generales, demuestra que el ejército popular ya está en guerra y que Juanma Moreno y Alberto Núñez Feijóo están alineados. Ambos, mimetizados, de camisa azul y con un discurso indistinguible ante los tres grandes desafíos de los próximos meses: la batalla contra Pedro Sánchez y por el cambio político en España; el pulso con Vox y la reválida del poder municipal en mayo de 2027.

Andalucía es campo de batalla definitivo en las tres guerras

El PP está convencido de que la incapacidad del Gobierno ante la crisis de Ceuta ha firmado la sentencia final de Sánchez. El pasado miércoles, miles de andaluces salieron a la calle para exigir un cambio de Gobierno. Tras Madrid, Sevilla fue la manifestación más multitudinaria. El cuerpo electoral andaluz es decisivo.

Ya sabes lo que es vender la piel del oso antes de cazarlo. En 2023, Feijóo quedó en las puertas de La Moncloa. Esa amargura por una victoria insuficiente ha recorrido toda la legislatura y todavía muchos en Génova piensan que Andalucía falló en el empujón definitivo.

El PP obtuvo entonces 1,58 millones de votos, el 36,4%, frente a los 1,45 millones del PSOE, el 33,5%. Apenas 2,9 puntos de diferencia. Ganó, sí, pero sin la distancia abrumadora que Moreno había conseguido un año antes en las autonómicas. En Génova saben que una victoria contundente en Andalucía puede volver a ser decisiva y no van a dejar al granero andaluz en manos de terceros.

Si hasta ahora el Sur era ‘marca Juanma’, el equipo de Feijóo quiere plaza en el puente de mando. Y Moreno ya no está en posición de protestar. Atrás queda la etapa en la que, en las filas populares andaluzas, se criticaban —nunca abiertamente— los bandazos del líder del PP o su excesivo acercamiento a Isabel Díaz Ayuso. Ahora toca: todos a una.

La fantasía de la ‘vía andaluza’

Los populares andaluces siguen haciendo como que viven en su ‘vía andaluza’: la del discurso propio, Andalucía por encima de todo y gestión frente a una ideología. Actúan como si todavía no hubieran asumido que aquel oasis político para el PP ya pasó. Como si no gobernaran con Vox, con una vicepresidencia en manos de los de Santiago Abascal. Un cargo que Manuel Gavira, contra lo que muchos pensaban en el PP, ha sabido ejercer con habilidad política y eficacia discursiva, ganando mucho espacio. El mayor error es minusvalorar al adversario antes de que comience el partido.

Mientras Moreno ha tenido dos apariciones puntuales y estelares este verano —el incendio de Niebla y su visita relámpago a Ceuta—, Vox ha estado pico y pala, cada día de agosto, peleando por marcar la agenda. Entre bambalinas, la fotografía es aún más reveladora. Mientras San Telmo era un palacio fantasma, la Casa Rosa ha mantenido actividad durante todo agosto. Hay muchas preguntas sobre el curso que comienza: ¿qué papel jugará Vox dentro del Gobierno? ¿Quién fija la agenda? ¿Quién elige los conflictos? ¿Puede Moreno seguir ocupando el centro?

Vox ya ha solicitado una reunión de la comisión de seguimiento del pacto para hacer valer el acuerdo sobre el veto a la acogida de menores inmigrantes. El PP hace como que oye llover. “No hay conflicto”, zanjó Antonio Sanz, el vicepresidente para todo, convertido definitivamente en pararrayos de Moreno. Será él quien tendrá que hacer de dique de contención entre su partido y un socio que no parece dispuesto a renunciar a un milímetro de terreno. Los socios se han dado dos meses y negocian ya los próximos Presupuestos de Andalucía.

Ceuta, narcotráfico, financiación autonómica y Adamuz son los arietes con los que el PP golpeará a Sánchez desde Andalucía. Pero la inmigración ha cambiado el marco político. Vox habla de “invasores”, liga inmigración con inseguridad y presión sobre los servicios públicos y aguanta el discurso sobre los menores. Moreno no está cómodo en ese campo de minas. Asumirlo supondría poner en riesgo la marca que construyó durante años sobre moderación, gestión y estabilidad. Feijóo, en cambio, ha elevado el tono. Para Génova, el combate manda nacional.

la batalla municipal

Las generales no serán la única prueba. El PP logró en 2023 las alcaldías de las ocho capitales andaluzas, aunque después perdió Jaén por un movimiento de censura. Conserva mayoría absoluta en seis; Sevilla y Jaén son las excepciones.

En Sevilla, José Luis Sanz ha conseguido además pactar con Vox sin incorporarlo al Gobierno municipal. Esa fórmula puede ser la excepción que el PP necesite preservar. Si en 2027 la fotografía es la de un PP ligado a Vox en todas las capitales, la vía andaluza quedará definitivamente enterrada. Y Vox, henchido en Andalucía, habrá conseguido una de las cosas que más ambiciona: demostrar que el PP necesita de él para gobernar.

El PSOE, entre Ferraz y la calle

En mitad de estas tres batallas, el PP tiene una ventaja: el PSOE andaluz no puede disimular que muchos de sus alcaldes están empezando a escribir el epitafio político de Sánchez. La única que sigue inasequible al desaliento, defendiendo contra viento y marea al presidente, es María Jesús Montero.

Los alcaldes están dispuestos a pelear por su supervivencia y, si para ello tienen que dejar de decir “sí, buana” a todo lo que venga de Ferraz, lo harán. Ellos sí están en la calle. Y el desconcierto por la ausencia del Gobierno durante la crisis de Ceuta, la pérdida de pulso y los errores al calibrar lo que estaba ocurriendo han dejado perplejos a muchos socialistas.

Fuente: El Correo de Andalucía