un millar de jóvenes pasan la noche en la Puerta del Sol

De la céntrica Puerta del Sol, donde está la sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, a la plaza de Cibeles, frente al Ayuntamiento, y de ahí a la fuente de Neptuno, lo más cercano al Congreso que permite la Policía Nacional. El recorrido de la manifestación por el desahucio de la vecina madrileña Maricarmen estaba claro, pero, como ocurrió en 2011, siempre hay espacio para la espontaneidad. Al final de la marcha, centenares de personas han regresado a la Puerta del Sol, el punto cero de España, para plantar sus tiendas de campaña en protesta por la crisis de vivienda, a la espera de que el Gobierno apruebe el decreto Maricarmen.

Tras una semana convulsa, con las duras imágenes de Maricarmen, una mujer de 87 años que ha sido desahuciada del piso en el que llevaba más de siete décadas viviendo, la movilización de este sábado congregó a cerca de 25.000 personas, según la Delegación del Gobierno, y casi 300.000, según los organizadores, que recorrieron las principales calles madrileñas al grito de “Aquí están los antirrentistas”, “Hace falta”. ya una huelga de alquileres. Hace falta ya una huelga general” o “¿Dónde está el Gobierno progresista?”.

La manifestación, que arrancó sobre las 19:00 horas de la Puerta del Sol, donde está la antigua Casa de Correos y actual sede del despacho de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, llegó a los alrededores del Congreso sobre las 21:00 horas. Sin embargo, varios cientos de personas regresaron al punto de inicio, donde hace 15 años se forjó el movimiento 15-M, para revivir el espíritu de aquella movilización. Varias decenas de tiendas de campaña se instalaron en la plaza, con una carpa del Sindicato de Inquilinas de Madrid en el centro.

Objetivo: decreto de vivienda

“La acampada ha surgido de una espontaneidad canalizada en esa rabia que llevamos acumulada esta semana. […] Ha habido una vorágine de acontecimientos que han sido la chispa que ha encendido esta llama que se ha materializado en esta manifestación que ha sido masiva”, explicó cerca de las tres de la madrugada el portavoz del Sindicato de Inquilinas, Gonzalo Álvarez, entre tiendas de campaña.

La intención, explica, es elevar la presión sobre el Gobierno de coalición: “El objetivo de esta campaña es presionar efectivamente para que se acepte el martes en el Consejo de Ministros el decreto Maricarmen en los términos y concepciones en que nosotros lo concebimos”. Álvarez, dudoso sobre lo que podría ocurrir a lo largo de la noche ya primera hora de la mañana, rechazó que la idea fuera de acampar hasta entonces. “Por ahora, hoy dormimos aquí y mañana siguen las cosas, empezaremos a hacer asambleas, actividades, etc.”, sostuvo.

Quince años después

El naranja casi fosforito de las camisetas del Sindicato de Inquilinas se confunde con las pulseras de papel que algunos jóvenes —la mayoría Erasmus, hablando en inglés, francés, portugués o japonés— lucen en las muñecas tras salir de las discotecas cercanas. Muchos de ellos miran extrañados la acampada que ha surgido en pocas horas y que está salpicada por carteles en los que se pueden leer mensajes como “Vergüenza me daría desahuciar a una pensionista”.

En torno a las tres de la madrugada, la mayoría de los presentes sigue despierta. Muchos de ellos comentan la situación o se preguntan qué ocurrirá a la mañana siguiente. Algunos, los que menos, tratan de conciliar el sueño, tumbados en simples cartones, entre el murmullo del ir y vienen de manifestantes, curiosos y turistas. La movilización está lejos de ser la microciudad que se erigió en 2011, pero un joven bromea con que el 26-S tiene “mucho menos gancho”.

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