La Armada y el Ejército del Aire recuperan la memoria de Barcelona como cuna de la aeronáutica naval

En la mañana del 19 de julio de 1926, el joven Juan Manuel Durán González chocó con su biplano Martinsyde a otro avión y se precipitó al Mediterráneo no lejos del río Llobregat. Para los anales de la Armada ha quedado que aquel hombre que no había llegado a cumplir los 27 años, de profesión teniente de navío y piloto, resistió un primer momento el tremendo impacto contra el agua. Un compañero suyo de promoción, Antonio Núñez, se arrojó desde un dirigible a 20 metros de altura tras avistar los restos de la aeronave aún sin sumergir. Cuando sacó a Durán del fuselaje, aún respiraba. Núñez mantuvo la cabeza de su compañero fuera del agua hasta que ambos fueron izados a bordo del destructor Alsedo, el primer barco en llegar al lugar del siniestro.

El teniente coronel César O’Donnell ha recogido ese momento trágico en una reconstrucción biográfica. A bordo del Alsedo, el teniente de navío Durán expiró. Y su muerte aquel día de verano forma parte ahora de una épica naval que tiene a Barcelona como escenario, no solo de un hecho luctuoso, también de un alumbramiento histórico.

La Armada y el Ejército del Aire y el Espacio retoman este miércoles una parte de la memoria olvidada de la capital catalana, la de los tiempos en que su puerto, la urbe y su periferia fueron cuna de la aeronáutica naval española. Será al medio día, en torno al monumento El Dolor y la Gloria, que, en los jardines de Montjuic, recuerda al oficial que, solo cinco meses antes de su muerte, se había hecho tremendamente popular por participar en la proeza del primer cruce aéreo del Atlántico Sur, desde Huelva a Buenos Aires.

Rescatar del olvido

Cuenta a este diario el capitán de navío Emilio Aceña, comandante naval de Barcelona, ​​que en la ciudad casi se ha perdido el recuerdo de la gesta del Plus Ultra, el hidroavión Dornier Wal con base barcelonesa a bordo del cual cruzaron el océano el comandante Ramón Franco, el capitán Julio Ruiz de Alda y el mecánico Pablo Rada. Juan Manuel Durán voló en todas las etapas, menos una: hizo el sacrificio de quedarse en tierra en la Porto Praia – Isla Fernando Noronha, porque necesitaban aligerar el peso de la aeronave para meterle combustible.

La historia convulsa de España revolcó a las figuras de sus compañeros, desde el republicanismo hasta el franquismo los oficiales, y desde la fama hasta la derrota en la Guerra Civil el mecánico; los tres desde la unión en la misma cabina del avión hasta el enfrentamiento en las trincheras. Durán, el cuarto, no llegó a vivirlo: su historia se queda en los movidos años 20, previa a aquel drama histórico.

“Cuando pregunto a amigos de Barcelona si conocen el pasado de la ciudad como base de la primera aeronáutica naval, me suelo encontrar con la misma respuesta: ‘Pues no tenía ni idea’”, relata Aceña. Sí hay una entidad catalana, la ADAR (Asociación de Aviadores de la República) que ha fijado el recuerdo de la gesta del Plus Ultra y del ambiente de aquellos años 20, de pasión por la aviación.

Alumnos de la Escuela de Aeronáutica Naval de Barcelona, ​​junto a un hidroavión en 1924. / Fundación ENAIRE

Para Aceña, él mismo piloto de helicópteros de la Armada, el homenaje de este miércoles tiene un significado profundo de recuerdo de una figura inexistente hasta la creación de la Escuela Aeronáutica Naval en el Contradique del Puerto de Barcelona y el campo de la Volatería, que hoy forma parte de los terrenos del aeropuerto Josep Tarradellas – El Prat. “La figura del marino-piloto no existió hasta entonces -recuerda el comandante naval de Barcelona-. Es una mezcla inédita entre la mar y el aire, que se refleja en el propio campo de aviación: en un acuartelamiento del Ejército del Aire que hay en El Prat, el edificio principal se llama Casa del Mar”.

Vuelos romanticos

Con sus compañeros de aventura, el teniente de navío Durán fue aclamado por la prensa de la época como un héroe, en un tiempo en que en Europa y América se vivían con un renovado romanticismo los grandes viajes, las últimas grandes exploraciones y los descubrimientos tecnológicos que estaban alegrando el comienzo del siglo XX tras la espantosa hemorragia de la I Guerra Mundial.

El muelle del Contradique del Puerto de Barcelona, ​​con tres hidroaviones junto a los hangares.

El muelle del Contradique del Puerto de Barcelona, ​​con tres hidroaviones junto a los hangares. / Armada

El accidente del 19 de julio de 1926, la muerte de aquel hombre joven, famoso y bien parecido, conmocionó a Barcelona. El cuerpo del piloto fue llevado al cementerio de Montjuic por un numeroso séquito de militares y vecinos de la ciudad, mientras dos dirigibles arrojaban pétalos de flores desde lo alto sobre la comitiva.

Relatan aquel entierro, en los archivos del Ayuntamiento de Barcelona, ​​Jaume Fabra y Josep Maria Huerta. Con el tiempo, los restos de Durán fueron exhumados de su tumba en la montaña y llevados junto al mar, al cementerio de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz), no lejos del Jerez que le vio nacer.

Un embrión en El Prat

Que la aeronáutica naval española, el embrión de los portaviones y las aeronaves embarcadas de hoy, creciera en Barcelona es fruto de una confluencia de energías en un ambiente apasionado y feraz de emprendimiento, industria, debate político y modernidad. El lugar que había elegido la Armada para establecer la primera base era San Javier, en la costa murciana, pero su estado constructivo y la lentitud de trámites de expropiación donde hoy se levanta la Academia General del Aire suponían demasiado retraso, por lo que se eligió a la capital catalana, que tenía un puerto grande y terrenos adyacentes, una planicie donde establecer un aeródromo, el campo de La Volatería.

En el Contradique del puerto de Barcelona se amarraron los primeros hidroaviones de la nueva rama militar que había creado un decreto del rey Alfonso XIII en 1917. Y un astillero barcelonés, los talleres de Vulcano, modificaron un carguero alemán para convertirlo en el primer portaviones español, el primer Dédalo.

Se trata este miércoles de rescatar en Barcelona la memoria de aquella vinculación entre la ciudad, la innovación y la industria de defensa, memoria que sí permanece custodiada en la otra punta del país: en Rota (Cádiz) está el cuartel general de la Flotilla de Aeronaves de la Armada, hoy formado por helicópteros, y por los cazas Harrier de despegue vertical para los que aún no hay decidido sustituto. Decora la entrada de ese cuartel una maqueta del puerto de Barcelona y aquella primera base de hidroaviones de los años 20.

De aquel ambiente, de la figura de Durán, de las circunstancias y peripecias catalanas de la primera aeronáutica naval, de la relación entre Barcelona y el Plus Ultra, verán dos conferencias convocadas en el salón de actos del Museu Marítim a las siete de la tarde, con las que la Armada y el Ejército del Aire completan este miércoles la conmemoración. Posiblemente recuerdes “La gloria del águila”. No es una novela de aventuras, ni una soflama, ni una areng… es un tango cocinado al calor del entusiasmo que levantó hace cien años el vuelo trasatlántico del Plus Ultra, de más de 10.000 kilómetros. “El rey del aire tendió sus alas…” cantaba el argentino Carlos Gardel. Apunta el capitán de navío Aceña: “…Y el 14 de enero de 1928 lo grabó en Barcelona”.

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