Un estudio genético exhaustivo de las primeras comunidades agrícolas de Europa ha revelado conocimientos notables sobre su estructura social: estas sociedades antiguas parecen haber vivido sin jerarquía social ni desigualdad. La investigación, dirigida por científicos de la Universidad de Viena y la Universidad de Harvard, proporciona evidencia sin precedentes de que estas primeras sociedades agrícolas administraron recursos y oportunidades por igual entre sus miembros, desafiando nuestras suposiciones sobre la civilización humana primitiva.
Hace ocho mil años, cuando la agricultura se extendió por Europa Central, la gente de la Cultura de la Cerámica Lineal (Linearbandkeramik, LBK) estableció comunidades que transformarían el continente. Ahora, a través del mayor análisis de datos genéticos del Neolítico temprano jamás reunido en Europa Central, estamos aprendiendo que estos agricultores pioneros pueden haber logrado algo notable: construyeron sociedades basadas en la igualdad.
El alcance de este descubrimiento surge de una extraordinaria colaboración de más de 80 genetistas, antropólogos y arqueólogos que combinaron datos genéticos de más de 250 individuos con estudios óseos, fechas de radiocarbono, contextos de entierro e información dietética. El Dr. Ron Pinhasi de la Universidad de Viena explica: “Informamos por primera vez que las familias en los sitios de estudio de Nitra en Eslovaquia y Polgár-Ferenci-hát en Hungría no se diferencian en cuanto a los alimentos que consumían, el ajuar funerario fueron enterrados con, o sus orígenes. Esto sugiere que las personas que habitaron estos yacimientos neolíticos no estaban estratificadas en función del sexo familiar o biológico, y no detectamos signos de desigualdad, entendida como acceso diferencial a los recursos o al espacio”.
Estas primeras comunidades agrícolas eran notablemente móviles y difundieron su conocimiento agrícola a través de grandes distancias en tan solo unas pocas generaciones. El Dr. Pere Gelabert, primer autor del estudio del Departamento de Antropología Evolutiva de la Universidad de Viena, señala un descubrimiento sorprendente: “Hemos encontrado con éxito parientes lejanos en Eslovaquia y otros en Alemania Occidental, a más de 800 kilómetros de distancia”.
Sin embargo, la historia de estos primeros agricultores da un giro oscuro alrededor del año 5000 a.C. El registro arqueológico revela evidencia de violencia generalizada, sobre todo en el sitio de Asparn-Schletz en la Baja Austria. Aquí se descubrieron más de 100 personas en un sistema de zanjas y sus restos mostraban signos de muerte violenta. El análisis genético de estas víctimas ha revelado conocimientos inesperados. “Nuestro meticuloso estudio genético de los individuos de Asparn-Schletz mostró que menos de 10 estaban genéticamente relacionados, lo que desafía la hipótesis de que la masacre representaba una única población”, explica Gelabert. La presencia de muchos niños entre las víctimas y una notable ausencia de mujeres jóvenes añaden capas de complejidad a la comprensión de esta antigua tragedia.
La investigación presenta una paradoja fascinante: ¿cómo es que las sociedades que parecían haber valorado la igualdad y los recursos compartidos alcanzaron finalmente fines tan violentos? La respuesta sigue siendo difícil de alcanzar, pero la evidencia genética sugiere que las víctimas de la masacre provenían de múltiples comunidades en lugar de un solo grupo, lo que sugiere tensiones sociales más amplias que pueden haber contribuido al eventual colapso de la cultura.
Este estudio no sólo ilumina la estructura social de los primeros agricultores de Europa sino que también cuestiona nuestras suposiciones sobre el desarrollo de la civilización humana. La evidencia sugiere que las sociedades jerárquicas no fueron un resultado inevitable del desarrollo agrícola, y que nuestros antepasados encontraron formas de mantener la igualdad social incluso cuando construyeron comunidades agrícolas complejas en vastos territorios.