cada año, en A principios de noviembre se lleva a cabo en Michoacán, México, uno de los espectáculos naturales más impresionantes del mundo. Cientos de millones de mariposas monarca migratorias se asientan en los macizos boscosos de la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca del país, aproximadamente a 100 kilómetros al oeste de la Ciudad de México. Después de haber volado hacia el sur durante ocho meses y haber comenzado su viaje en el norte de Estados Unidos o el sur de Canadá, hibernan aquí durante el invierno antes de aparearse en la primavera.
Luego de volar por más de 4.000 kilómetros, las mariposas aterrizan en los oyameles de la región del Ejido el Rosario, donde durante semanas se congregan protegiéndose del viento y las frías noches. Sin estos árboles, las mariposas no podrían sobrevivir a su agotador viaje.
El oyamel crece en un espacio climático muy reducido, húmedo pero frío. “Su distribución está muy limitada a las montañas más altas del centro de México”, dice Cuauhtémoc Sáenz Romero, profesor de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Sáenz Romero es el autor principal de un estudio reciente que prevé que este bosque se irá deteriorando paulatinamente hasta el punto de desaparecer como consecuencia del cambio climático, poniendo en peligro a las mariposas.
Para las monarcas que descansan, el dosel de oyamel actúa como un amortiguador de la temperatura y la humedad locales, explica Sáenz Romero. “Durante el día, bajo la sombra del oyamel, el ambiente se mantiene 5 grados centígrados más fresco que afuera. Es una protección contra las altas temperaturas. Por la noche ocurre al revés, lo que da como resultado un ambiente 5 grados centígrados más cálido”. La densidad del dosel también protege contra las lluvias invernales. “Si la temperatura desciende por debajo de cero grados y las mariposas se mojan las alas, pueden congelarse. Por eso estos árboles representan un hábitat tan particular”, afirma Sáenz Romero.
Después de despertar de la hibernación y aparearse en el centro de México, los insectos vuelan hacia el norte, a Texas, Estados Unidos, donde ponen sus huevos. “Para todo ello, necesitan reservas de energía para regresar, que no tienen que gastar en combatir el frío en los lugares de invernada”, explica.
Este delicado equilibrio para su supervivencia lo proporcionan únicamente los oyameles. Sin embargo, algunos modelos indican que un clima propicio para ellos habrá desaparecido en esta zona en 2090. “Debido al aumento de las temperaturas, estamos observando un proceso de disminución de los bosques”, afirma Sáenz Romero, que lidera una iniciativa para establecer nuevos sitios de invernada. para los monarcas, que están en el lista roja de especies amenazadas.