Cómo el ADN en la tierra está remodelando nuestra comprensión de los humanos de la Edad de Piedra

Los restos humanos antiguos son raros y no necesariamente contienen ADN

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Era un día normal en 2015 cuando Viviane Slon tuvo su momento eureka. Mientras trabajaba en su computadora, los resultados revelaron que la muestra que estaba examinando contenía ADN humano. Esto no tenía nada de inusual: en aquel momento, la antigua revolución del ADN (ADNa) estaba en pleno apogeo y poco a poco se iban revelando nuevos conocimientos sorprendentes sobre nuestros antepasados. Pero la muestra de Slon no procedía de restos humanos: era simplemente tierra del suelo de una cueva. Eso inmediatamente le dijo que estaba en algo grande.

Muchos sitios arqueológicos contienen herramientas y artefactos que nos hablan de la ocupación humana, pero pocos han proporcionado huesos o dientes que aún podrían albergar ADN humano. Incluso cuando tales restos están presentes, las posibilidades de que el material genético sobreviva dentro de ellos son escasas porque el ADN se daña con el calor, la humedad y la acidez. Así que encontrar otra fuente de ADNa (el suelo mismo) fue un punto de inflexión. “Esto abre cientos de sitios prehistóricos en los que antes no podíamos trabajar”, dice Slon.

Además, la suciedad humilde puede revelar mucho sobre nuestro pasado lejano. Mientras que los fósiles proporcionan instantáneas de la prehistoria, los sedimentos proporcionan una fuente de ADN que, en teoría, puede generar una narrativa ininterrumpida. Los investigadores pueden estudiar los homínidos anteriores a la práctica del entierro. Pueden descubrir qué grupos crearon herramientas particulares y otros artefactos, aprendiendo más sobre sus capacidades cognitivas y artísticas…