En Inside Spain de esta semana, analizamos cómo las actitudes hacia las relaciones, el matrimonio y la maternidad están cambiando rápidamente en un país donde abunda la “infertilidad estructural”.
La sociedad española ha cambiado inmensamente en una generación, y quizás de manera más evidente en lo que respecta a casarse y tener hijos.
El último informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) revela que en los últimos tres años España ha ganado 1,2 millones de solteros pero sólo 105.000 casados.
Entre los mayores de 16 años, edad mínima legal para casarse en España, la población casada sigue siendo el grupo poblacional más numeroso.
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Sin embargo, la cifra apenas ha aumentado en tres años: 105.537 (apenas el 0,55 por ciento), hasta un total de 19,05 millones de personas.
Por otra parte, el número de solteros (personas solteras en español) aumentó en 1,22 millones (9,23 por ciento) de 2021 a 2024, alcanzando un total de 14,53 millones.
Mientras tanto, la tasa de divorcios también experimentó un crecimiento significativo durante el mismo período, alcanzando los 3,22 millones (8,8 por ciento).
En total, en 2024, el 45,8 por ciento de la población española vivía casados (casados), el 34,9 por ciento eran solteros, el 7,8 por ciento estaban divorciados o separados y el 7 por ciento eran viudos.
Esto supone que el número total de solteros, divorciados y viudos en España, que alcanzó los 20,66 millones en 2024, supera ya al total de casados.
Pau Miret, investigador del Centro de Estudios Demográficos (CED), explicó al diario español 20 minutos que el Instituto Nacional de Estadística sólo registra el estado civil, por lo que no incluye “a hombres y mujeres solteros que prefieren la convivencia no matrimonial al matrimonio”.
Señala que las cifras demuestran que en España ya no existe presión social para casarse para tener hijos o simplemente por amor, y esto se refleja en el aumento de la vida ‘soltera’ a más largo plazo.
Además, hay un cambio “significativo y profundo” en la tendencia de la soltería, ya que en 2006 el 27 por ciento de las personas entre 35 y 39 años eran solteros, mientras que ahora es el 50 por ciento.
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Miret también considera que en España “la gente ahora se casa más tarde y por un interés más materialista, para asegurarse una pensión de viudedad, por si a alguno de los cónyuges le pasa algo”.
El sociólogo Héctor Cebolla también ve que las tablas del INE demuestran la normalización de vivir bajo el mismo techo en pareja en lugar de casarse: “Ya no es el paso previo al matrimonio sino una forma de convivencia estable”, argumenta.
Cebolla sugiere que el aumento de personas solteras sería una prueba de la llegada a España de un fenómeno observado en varios países occidentales que ve “cada vez se forman menos hogares familiares debido a una crisis de pareja”.
Entonces, si hay más soltería que nunca en España y el matrimonio se retrasa o se ignora por completo, ¿dónde encaja tener hijos en todo esto?
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Como ya informó anteriormente El Local, desde hace muchos años en España no se registra una tendencia a la baja en el número de nacimientos.
En 2024, el país alcanzó un nuevo mínimo histórico: 318.005 bebés en todo el país, unos 100.000 nacimientos menos que en 2014.
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España también batió otro récord: menos madres menores de 35 años que nunca, una edad en la que la fertilidad femenina comienza a descender de forma más pronunciada y cuando aumentan las dificultades para concebir.
Mientras que hace 50 años casi nueve de cada diez madres tenían menos de 35 años, ahora representan seis de cada diez.
En Galicia, País Vasco y Cantabria, casi la mitad de los nacimientos registrados en los últimos años son de madres mayores de 40 años.
Por el contrario, mientras las tasas de natalidad caen y el número de madres jóvenes disminuye, en España hay un auge de la congelación de óvulos, así como de la tecnología de reproducción asistida y las clínicas de fertilidad.
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Es decir, las españolas intentan ‘engañar’ a sus relojes biológicos y ganar tiempo mientras valoran si es factible tener hijos. ¿Y quién puede culparlos por ello?
Cuando las condiciones sociales, económicas y políticas dificultan concebir y criar hijos, los expertos se refieren a ello como “infertilidad estructural”, y hay mucho de eso en España, especialmente en lo que respecta a los bajos salarios, la inseguridad laboral y la vivienda asequible, pero también incluyen otros factores como la discriminación laboral contra las madres y la falta de incentivos y subsidios efectivos por parte del gobierno.
En este contexto desfavorable, es inevitable que muchas españolas pospongan la decisión de ser madres a la espera de circunstancias más adecuadas.
Según los últimos datos de la Encuesta de Fecundidad del INE, el 72 por ciento de las mujeres españolas entre 25 y 29 años quieren tener dos o más hijos, y casi la mitad de las mujeres mayores de 45 años desearían haber sido madres.
La realidad, sin embargo, es que las mujeres en España acaban teniendo una media de 1,1 hijos, la tasa más baja de la UE.
“La brecha entre la tasa de natalidad real y la deseada es lo que debemos abordar”, dijo al periódico español El Diario Elisa Gil, ginecóloga especializada en medicina reproductiva y miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Fertilidad.
El número de mujeres que congelan sus óvulos se ha multiplicado casi por treinta en poco más de una década en España hasta las actuales 5.001 mujeres que congelaron óvulos o embriones en 2024.
Vale la pena señalar que, aunque algunos tratamientos de FIV están disponibles a través del sistema de salud público español, esto no siempre está garantizado y hacerlo de forma privada no es asequible para todas las mujeres, ya que cuesta entre 3.500 y 7.000 euros o más.
Ésta es entonces la paradójica situación a la que se enfrentan muchas personas (especialmente mujeres) a la hora de formar una familia en España.
No es exclusivo del país, pero España es sin duda un ejemplo de cómo la estructura familiar tradicional está cambiando rápidamente.
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