Los caparazones de las tortugas marinas contienen una cronología oculta del cambio oceánico y revelan cómo están cambiando los mares

Las tortugas marinas no sólo se mueven por el océano: lo documentan silenciosamente. Una nueva investigación muestra que las placas duras de sus caparazones contienen un registro químico en capas de dónde han estado, qué han comido y cómo el océano que los rodea ha cambiado con el tiempo. Al adaptar técnicas típicamente utilizadas para estudiar materiales antiguos, los investigadores ahora pueden leer ese registro con precisión.

El estudio, publicado en Marine Biology, muestra que esas capas pueden fecharse, lo que permite a los científicos vincular los cambios en el crecimiento de la concha con eventos ambientales específicos a lo largo de meses y años.

“Los caparazones de las tortugas marinas crecen continuamente a lo largo de sus vidas, y cada capa preserva evidencia de condiciones ambientales pasadas”, dijo la líder de la investigación Bethan Linscott en un comunicado de prensa. “Al analizar estas capas secuenciales, podemos reconstruir los patrones de alimentación, la dieta y los cambios ambientales a lo largo del tiempo”.

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Convertir las capas de caparazones de tortugas marinas en una línea de tiempo

Infografía que muestra el crecimiento del caparazón de una tortuga.

(Crédito de la imagen: Bethan Linscott, Ph.D. y Amy Wallace, Ph.D)

Los caparazones de las tortugas marinas están hechos de queratina (el mismo material que se encuentra en el cabello y las uñas humanas) y crecen en capas superpuestas. Cada nueva capa se forma encima de la anterior, fijando señales químicas del entorno de la tortuga en ese momento.

Los investigadores han utilizado esas señales antes para estudiar la dieta y el hábitat de las tortugas. Lo que falta es una sensación clara de sincronización: cuánto tiempo representa realmente cada capa. Para responder a eso, los investigadores tomaron prestada una técnica más comúnmente asociada con la arqueología.

El equipo analizó muestras de caparazones de 24 tortugas marinas varadas recolectadas a lo largo de la costa de Florida, incluidas tortugas bobas y tortugas verdes, y generó 120 mediciones de radiocarbono a partir de capas de escudos ultrafinos. Luego, cada capa fue datada por radiocarbono y comparada con el “pulso de la bomba”, un aumento global en los niveles de carbono dejado por las pruebas de armas nucleares a mediados del siglo XX.

Utilizando modelos estadísticos, el equipo estimó que cada capa microscópica corresponde aproximadamente a siete a nueve meses de crecimiento, convirtiendo efectivamente el caparazón en una línea de tiempo biológica. La tasa de crecimiento promedio varió entre las tortugas, y algunas tortugas depositaron su caparazón más rápidamente que otras.

Rastreando el estrés en el océano

Con ese cronograma establecido, los investigadores podrían comenzar a vincular los cambios en el crecimiento de la concha con eventos del mundo real. En varias tortugas, identificaron períodos en los que el crecimiento se desaceleró simultáneamente. Varias de esas desaceleraciones se concentraron alrededor de 2015 y nuevamente entre 2017 y 2018, superponiéndose con importantes alteraciones ambientales en las aguas de Florida. Entre ellos se incluyen la proliferación de algas nocivas conocidas como mareas rojas y grandes afluencias de algas Sargassum.

“Estas conchas están registrando efectivamente el estrés ambiental en el océano”, dijo Linscott. “Es un poco como el análisis forense de las tortugas marinas. Podemos utilizar huellas dactilares químicas conservadas en escudos para detectar cambios ecológicos”.

Debido a que cada capa contiene señales químicas, las conchas ofrecen una manera de detectar cambios ambientales que de otro modo podrían pasar desapercibidos, especialmente en partes del océano que son difíciles de monitorear directamente. Las desaceleraciones sincronizadas sugieren que las tortugas en diferentes lugares pueden haber estado respondiendo a los mismos factores estresantes ambientales a gran escala aproximadamente al mismo tiempo.

Una nueva ventana a la vida marina

Estudiar a las tortugas marinas durante largos períodos siempre ha sido un desafío. Pueden vivir durante décadas, viajar largas distancias y pasar gran parte de sus vidas lejos de la costa.

El análisis de las capas de escudos permite a los investigadores reconstruir cómo se mueven las tortugas a través de entornos cambiantes sin necesidad de rastrearlas continuamente en la naturaleza. Ese tipo de cronograma podría ayudar a los científicos a identificar cuándo las tortugas utilizaban hábitats de alto riesgo o cuándo el estrés ecológico comenzó a afectar su crecimiento.

“Nuestros hallazgos pueden ayudar a los científicos a comprender mejor cómo están cambiando los ecosistemas marinos y cómo responden las especies a esos cambios”, concluyó Linscott.

En términos más generales, el trabajo muestra cómo las herramientas desarrolladas para estudiar el pasado pueden revelar nuevos conocimientos sobre el presente, como patrones que de otro modo pasarían desapercibidos. En muchas de las tortugas estudiadas, las tasas de crecimiento no volvieron a niveles anteriores, lo que sugiere que los efectos de estas perturbaciones oceánicas pueden persistir mucho después de que los eventos mismos desaparezcan.

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