Sólo quedan dos rinocerontes blancos del norte en la Tierra, y ambos son hembras. Sin forma de reproducirse de forma natural, la subespecie ahora depende completamente de la reproducción asistida para sobrevivir. A principios de 2026, los investigadores crearon con éxito un embrión más utilizando óvulos recolectados de Fatu, una de las hembras.
El total asciende ahora a 39, un paso pequeño pero significativo en un esfuerzo por reconstruir una población que ya no puede sostenerse por sí misma.
El trabajo está dirigido por el BioRescue Consortium, una colaboración internacional que trabaja para evitar que la subespecie desaparezca por completo. Los científicos recolectan óvulos de rinocerontes blancos del norte, los fertilizan en el laboratorio utilizando esperma conservado de machos fallecidos y desarrollan embriones para transferirlos.
Esos embriones se implantan en rinocerontes blancos del sur, una subespecie estrechamente relacionada, con la esperanza de lograr un embarazo exitoso y eventualmente restaurar una población viable. El enfoque y sus implicaciones para la conservación también se exploran en un estudio reciente publicado en la revista PLOS ONE.
Por qué es tan difícil salvar al rinoceronte blanco del norte
Sin machos supervivientes y sólo quedan dos hembras, el rinoceronte blanco del norte se considera funcionalmente extinto. Eso significa que la recuperación ya no es posible sin la intervención humana.
El enfoque que se utiliza se basa en tecnologías de reproducción asistida, o ART, métodos que implican el manejo de células reproductivas o embriones fuera del cuerpo para producir nuevos individuos. Si bien estas técnicas se utilizan ampliamente en algunos entornos, su aplicación en la conservación de la vida silvestre es todavía relativamente nueva.
La recolección de óvulos, la fertilización y la transferencia de embriones requieren una sincronización cuidadosa y experiencia especializada. Incluso cuando los procedimientos tienen éxito, el resultado es incierto. El pequeño número de animales restantes y el material genético limitado hacen que cada intento tenga mucho en juego.
Al mismo tiempo, el objetivo no es sólo producir individuos, sino reconstruir una población genéticamente viable. Eso requiere utilizar material biológico conservado de animales que ya no están vivos, lo que añade otra capa de dificultad a un proceso ya complejo.
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Construyendo embriones de rinoceronte blanco del norte
El último embrión se creó a partir de huevos recolectados de Fatu en Ol Pejeta Conservancy, donde los dos últimos rinocerontes blancos del norte viven bajo protección constante.
Hasta ahora, sólo se han realizado un pequeño número de transferencias de embriones y ninguna ha dado lugar a un embarazo a largo plazo.
El progreso es lento, pero cada intento contribuye a una comprensión cada vez mayor de cómo funcionan estas técnicas en los rinocerontes. Los investigadores continúan perfeccionando el proceso ajustando el ritmo hormonal, mejorando el manejo de los embriones y aprendiendo cuál es la mejor manera de apoyar los embarazos en etapas tempranas.
Más allá de los resultados inmediatos, el trabajo está sentando las bases. Al desarrollar y probar estas técnicas, se está creando un marco que podría aplicarse a otras especies que enfrentan riesgos similares.
Por qué los embriones plantean interrogantes más importantes para la conservación
Las tecnologías de reproducción asistida se consideran cada vez más una herramienta que puede apoyar enfoques tradicionales como la protección del hábitat y los programas de reproducción, en lugar de reemplazarlos. Para las especies que ya no pueden recuperarse por sí solas, pueden representar una última opción.
Al mismo tiempo, su uso plantea cuestiones importantes. Debido a que estos métodos implican una intervención directa en la reproducción animal, las preocupaciones sobre el bienestar animal y la supervisión ética son fundamentales para entenderlos y aceptarlos.
La conciencia pública también juega un papel. Si bien muchas personas reconocen amenazas visibles como la caza furtiva, otros factores que impulsan la disminución de especies a menudo no se comprenden tan bien. Mejorar la comunicación en torno a esos temas puede ser clave para generar apoyo a largo plazo para los esfuerzos de conservación.
Por ahora, el futuro del rinoceronte blanco del norte sigue siendo incierto. Pero el trabajo en curso podría moldear la forma en que los científicos intentan salvar otras especies al borde de la extinción.
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