Las pedanías de la periferia de Orihuela afirman que el abandono municipal ya no es sólo una queja costera – El Líder

Si bien las demandas de segregación a menudo se han asociado con Orihuela Costa, la frustración es ahora cada vez más visible en los distritos del interior del municipio. El mensaje de muchos residentes es claro: el sentimiento de abandono no se limita a la costa.

La prolongada sensación de abandono que se siente en los distritos periféricos de Orihuela vuelve a estar en el punto de mira después de que el Ayuntamiento recurriera a un contrato menor para repavimentar las carreteras de La Campaneta, tras la creciente presión de los vecinos que habían advertido que sus opciones ahora eran “dimisiones o segregación”.

Las obras, valoradas en 23.742 euros, abordarán los baches y el asfalto deteriorado en el Camino Viejo de Almoradí y la calle Vega Baja, dos vías clave del distrito. La zona es especialmente transitada porque proporciona acceso a la escuela local, así como a varias zonas residenciales.

Sin embargo, para muchos residentes, la intervención no es simplemente una reparación de carreteras. Es un ejemplo más de lo que califican de años de retraso en la actuación, inversión insuficiente y trato desigual por parte del Ayuntamiento de Orihuela.

Si bien las demandas de segregación a menudo se han asociado con Orihuela Costa, la frustración es ahora cada vez más visible en los distritos del interior del municipio. El mensaje de muchos residentes es claro: el sentimiento de abandono no se limita a la costa.

En las pedanías o distritos periféricos de Orihuela, existe una percepción creciente de que se ha permitido que los servicios básicos y la infraestructura se deterioren. Aunque estos distritos difieren en tamaño, carácter y necesidades, muchos comparten la misma queja: se sienten olvidados por la administración central de Orihuela.

Esa frustración ha tomado recientemente una forma más organizada. Lo que empezó de forma espontánea en las redes sociales, con los vecinos denunciando “los problemas causados ​​por la mala gestión del Ayuntamiento”, ha desembocado ahora en la asociación de vecinos Pedanías de Orihuela. El grupo se presenta como “una fuerza legal y organizada” y “una voz oficial y legítima ante las instituciones”, subrayando que “no nació de una oficina, sino del pulso diario del pueblo”.

El estado de las carreteras locales se ha convertido en uno de los símbolos más claros de este descontento. En los últimos días han circulado ampliamente imágenes que muestran el marcado contraste entre el estado del asfalto de un tramo de la carretera de Benejúzar y el tramo visiblemente deteriorado que se inicia una vez la carretera se adentra en el municipio de Orihuela, en la zona de San Bartolomé.

Los residentes de La Campaneta plantearon quejas similares, centrando gran parte de su enojo en la cantidad de baches en el distrito. Su frustración aumentó hasta el punto de lanzar un ultimátum al Ayuntamiento: o dimisiones políticas o un debate serio sobre la segregación.

El Ayuntamiento ha respondido ahora con un contrato menor para llevar a cabo repavimentación y mejoras de seguridad vial. Según el gobierno municipal, el objetivo es prevenir accidentes, mejorar la fluidez del tráfico y reparar varios tramos dañados en una de las zonas más transitadas del distrito.

Las obras planificadas incluirán repavimentación, reparación de baches, señalización vial, elevación de pozos de registro al nuevo nivel de la vía y repintado de áreas de estacionamiento paralelas y en ángulo para mejorar la circulación y la funcionalidad. También está prevista la instalación de tres nuevas farolas, conectadas a la red existente.

En la calle Vega Baja, la intervención abarcará un tramo muy deteriorado de unos 150 metros, con una anchura media de 8,5 metros, así como la explanada de acceso desde la CV-91. En total, las obras afectarán a aproximadamente 2.025 metros cuadrados. Se espera que el plazo de ejecución sea de un mes.

El concejal de Infraestructuras, Víctor Valverde, defendió el proyecto afirmando: “Seguimos trabajando en los distritos periféricos, atendiendo a las necesidades reales de los vecinos y

Sin embargo, para muchos residentes, la pregunta sigue siendo si estas obras representan un cambio genuino en las prioridades municipales o simplemente una respuesta reactiva a la presión pública. El enfado en La Campaneta, San Bartolomé y otros distritos sugiere que el problema de Orihuela va más allá de una carretera, un contrato o un barrio.

La demanda que ahora se expresa en varias zonas periféricas es la de una inversión constante, un trato igualitario y una respuesta municipal que no llegue sólo después de que los residentes amenacen con la segregación.