ANÁLISIS DEL NEWSDESK DE EBM
Por qué la inflación, no la geopolítica, es la que impulsa el oro
Por Rania Gule, analista senior de mercado de XS.com – MENA
En los últimos meses, los inversores y analistas han interpretado en gran medida los movimientos del oro a través del lente de los acontecimientos geopolíticos, en particular las tensiones que involucran a Irán y el Medio Oriente en general. Si bien esta explicación puede parecer razonable a primera vista, creo que los mercados a menudo caen en la trampa de sobreestimar el impacto de los acontecimientos políticos de corto plazo y pasar por alto las fuerzas económicas más profundas y sostenibles en juego. En mi opinión, las tensiones geopolíticas no fueron el factor principal que impulsó al oro durante el período reciente. Más bien, sirvieron como ruido de fondo que distrajo la atención de los verdaderos impulsores del mercado desde el principio: a saber, la inflación, la política monetaria estadounidense y la fortaleza del dólar estadounidense.
Cuando examinamos el desempeño del oro durante el pico de incertidumbre geopolítica, queda claro que el metal amarillo no logró beneficiarse tanto como muchos esperaban de los crecientes riesgos globales. Por el contrario, el oro experimentó repetidas oleadas de ventas a pesar de la persistente incertidumbre política. Esto plantea una pregunta fundamental: si la geopolítica fuera realmente el motor dominante, ¿por qué el oro no pudo sostener sus ganancias? La respuesta está en el hecho de que los inversores se centraban en algo mucho más influyente: la trayectoria de la inflación estadounidense y la respuesta de la Reserva Federal a ella.
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Desde mi perspectiva, la relación entre la inflación, las tasas de interés y el dólar estadounidense sigue siendo la fuerza principal que da forma al mercado mundial del oro en la actualidad. A medida que aumentan las presiones inflacionarias, también aumentan las expectativas de que la Reserva Federal mantendrá una postura monetaria más restrictiva, ya sea manteniendo las tasas de interés elevadas por más tiempo o incluso implementando aumentos adicionales de las tasas si es necesario. Estas expectativas fortalecen el dólar estadounidense y elevan los rendimientos reales de los bonos, creando un entorno desafiante para el oro, que no ofrece ningún rendimiento a los inversores. En consecuencia, creo que cualquier sorpresa al alza en los datos de inflación durante los próximos meses tendrá un mayor impacto en los precios del oro que cualquier acontecimiento geopolítico aislado.
Lo que respalda aún más esta opinión es la rapidez con la que los mercados han modificado las expectativas de una política monetaria más estricta cada vez que surgen señales de inflación persistente. En un período relativamente corto, el sentimiento de los inversores pasó de anticipar una postura política más acomodaticia a reconsiderar la probabilidad de aumentos o retrasos en los recortes de los tipos. Estos rápidos cambios en las expectativas de la Reserva Federal fueron suficientes para reavivar la fortaleza del dólar y debilitar el apetito de los inversores por el oro, confirmando que la política monetaria sigue siendo el factor más influyente a la hora de determinar la dirección más amplia del metal precioso.
Al mismo tiempo, no se pueden ignorar los acontecimientos positivos de Asia (en particular de China). China registró recientemente su nivel más alto de importaciones de oro en casi dos años. En mi opinión, estas cifras tienen implicaciones importantes porque confirman la resistencia de la demanda de inversión de oro a largo plazo a pesar de las recientes caídas de precios. Además, la continua acumulación de reservas de oro por parte del Banco Popular de China refleja un enfoque estratégico que va más allá de las consideraciones de precios a corto plazo. Por esta razón, considero la demanda asiática como uno de los factores de apoyo estructural más importantes para el mercado del oro a medio y largo plazo.
Sin embargo, es importante distinguir entre los fundamentos de apoyo a largo plazo y los factores que influyen en la acción del precio a corto plazo. El aumento de las importaciones chinas o de las compras de los bancos centrales no significa necesariamente que el oro esté destinado a alcanzar nuevos máximos históricos de inmediato. Los mercados financieros están impulsados por una combinación compleja de flujos de inversión, expectativas de política monetaria y condiciones de liquidez global. En la actualidad, la influencia de las tasas de interés y del dólar estadounidense todavía parece más fuerte que la demanda física, lo que ayuda a explicar la presión vendedora actual a pesar de la robusta demanda asiática.
También creo que hay otro factor que no recibe suficiente atención: el cambio de comportamiento de los inversores hacia los activos de riesgo. Cuando los mercados de acciones y tecnología entran en fases correctivas, los inversores no siempre giran directamente hacia el oro como muchos suponen. En determinadas situaciones, especialmente durante períodos de intensa tensión financiera, el oro mismo se convierte en una fuente de liquidez. Los inversores pueden vender parte de sus tenencias de oro para cubrir pérdidas en otros lugares o reducir el riesgo general de la cartera. Esto ayuda a explicar por qué el oro ha caído ocasionalmente junto con las acciones en lugar de subir como un activo tradicional de refugio seguro.
Basándonos en esta dinámica, creo que las perspectivas del oro para la segunda mitad del año dependerán principalmente de tres variables clave. Primero, la dirección de la inflación estadounidense y si se mantiene por encima de los niveles objetivo. En segundo lugar, la respuesta de la Reserva Federal a los datos económicos entrantes y su voluntad de mantener una postura política restrictiva. En tercer lugar, la capacidad de la demanda asiática y las compras de los bancos centrales para absorber la presión vendedora proveniente de los mercados financieros globales. Si la inflación continúa sorprendiendo al alza, el oro podría enfrentar volatilidad adicional a corto plazo y presión a la baja a pesar de la fuerte demanda física subyacente.
En última instancia, creo que los inversores que atribuyen cada movimiento del oro únicamente a acontecimientos geopolíticos se están perdiendo una visión más amplia. Las guerras y las crisis políticas pueden generar volatilidad temporal e influir en el sentimiento del mercado, pero rara vez alteran las tendencias económicas fundamentales durante períodos prolongados. La inflación, las tasas de interés, el dólar estadounidense y la liquidez global siguen siendo las verdaderas fuerzas que dan forma a la trayectoria de mediano y largo plazo del oro. Por esta razón, mi perspectiva actual sugiere que el oro seguirá enfrentando presiones de la política monetaria estadounidense en el corto plazo, al tiempo que se beneficiará del fuerte apoyo estratégico brindado por las compras de los bancos centrales y la demanda asiática. Como resultado, cualquier retroceso significativo debe verse como una oportunidad para reconstruir posiciones de inversión a largo plazo y no como el comienzo de un colapso estructural en el mercado del oro.