A menos de un año para los comicios municipales y autonómicos, el registro de partidos en el Ministerio del Interior florece a modo de primavera electoral. En los dos últimos meses son un total de 25 las nuevas siglas registradas. Formaciones independientes, vecinales o fruto de escisiones, desde Melilla a Langreo. Otras buscan candidaturas federativas para dar el salto a las instituciones autonómicas, como 942 Cantabria, o supramunicipales, como la Federació d’Entitats Independents Municipals (FEIM) en Baleares o Juntos por Lanzarote.
Las hay también con vocación de concurrir a las próximas elecciones generales, como Democracia 21, liderada por la abogada Miriam González y heredera de su plataforma España Mejor. Otras figuras que han tenido cargos institucionales como Marta Higueras, la exteniente de alcaldesa del Ayuntamiento de Madrid con Manuela Carmena al frente del consistorio, han manifestado su pretensión de concurrir a los próximos comicios en la capital con Independientes por Madrid. En Vox, por su parte, miran de reojo los pasos del ‘think tank’ Atenea liderado por Iván Espinosa de los Monteros por si da algún paso. Más al extremo del bloque de la derecha se registró ya hace casi cinco meses el partido ultra Noviembre Nacional.
La mayoría de los nuevos partidos registrados durante las últimas semanas, sin embargo, tienen en un común un intento de ocupar espacios transversales. Con el propósito de desplegar una suerte de tercera vía para colocarse por las rendijas entre los dos grandes bloques. Un ‘boom’ que suele ser tradicional antes de los ciclos electorales pero que no garantiza su llegada a las urnas ni, mucho menos, su éxito.
“El Registro de Partidos es un cementerio de buenas intenciones, siglas dadas de alta que jamás pisaron una urna. Cada ciclo genera su cosecha de ilusionados, y la inmensa mayoría se queda en puro voluntarismo, en emoción de sobremesa sin estrategia detrás”, reflexiona César Calderón, director de la consultora política Red Lines. Por ello distingue entre dos fenómenos para anticipar el recorrido que puedan acabar teniendo estas nuevas formaciones: “Una cosa es el localista con anclaje territorial de verdad, y otra bien distinta el arrebato nacional de quien confunde su indignación con un programa. El sistema es implacable con los segundos y sorprendentemente generoso con los primeros”.
“Una cosa es el localista con anclaje territorial de verdad, y otra bien distinta el arrebato nacional de quien confunde su indignación con un programa”
La rendija por donde este consultor entiende que pueden colarse es la de las elecciones municipales, donde “la proximidad se premia y el castigo al partido chico se suaviza”. Eso sí, el también autor del recién publicado ‘Cómo ganar unas elecciones’ (Catarata) receta cuatro elementos necesarios para abrirse camino: “Un cargo con resultado probado, alguien que ya gane donde se presenta. Un agravio concreto que los grandes hayan desatendido, un hueco real y no soñado. Estructura capilar, gente en el territorio y no un logo bonito” y, finalmente, “dinero y aguante para resistir más de un ciclo, porque estos proyectos cuajan en la segunda elección y casi nunca en la primera”.
La tercera vía municipalista
Un ejemplo de éxito y espejo para algunas candidaturas municipalistas es Unión por Leganés (ULEG). Nacida en 2003, ha ejercido como bisagra y ahora cogobierna con el PP. Se trata de una de las impulsoras del Congreso Nacional de Partidos Independientes, de la que es heredera Tercera Vía y que en ocasiones ha discutido su salto a unas generales.
Sobre estas bases se están impulsando candidaturas como la referida 942 Cantabria. Su promotor, Javier Fernández Soberón, alcalde de El Astillero cumpliría varios de los ingredientes necesarios que destaca Calderón: “Saca quince concejales de diecisiete en su municipio, tiene relación y arma una coalición transversal de alcaldes bajo la enseña del ‘sentido común’ para saltar al Parlamento cántabro en 2027”. Para pasar la prueba del algodón autonómica necesitará unos quince mil votos con los que irrumpir en el Parlamento.
De la ‘Operación Roca’ a Democracia 21
Las posibilidades de éxito de los nuevos partidos con vocación estatal son todavía menores tanto por la ley electoral, la necesaria maquinaria territorial o financiera, así como el reconocimiento de sus liderazgos entre la opinión pública. A ello se suma, según considera el director de la consultora política Red Lines, el obstáculo añadido de que “las próximas generales serán un plebiscito sobre Sánchez”, donde el votante de la tercera vía se vería arrastrado a elegir quedando sin oxígeno el centro reformista. Además, apunta que el espacio moderado es más propenso a la abstención.
Como aviso a la operación de Miriam González con Democracia 21 recuerda el intento fallido de Miquel Roca en 1986 con el Partido Reformista Democrático. “Una candidatura brillante sobre el papel que acabó estrellada en las urnas”, apunta. De ahí que resuma las claves para poder tener recorrido en unas generales en contar con “un líder con reconocimiento previo de masas, un tema cuña que te dé aire propio, esquivar el plebiscito ajeno y una implantación territorial que no se improvisa en unos meses”.
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