Las lanchas rápidas de NARCO están siendo reutilizadas para llevar a cientos de inmigrantes ilegales a las costas españolas, y Almería se está convirtiendo en la zona cero.
Sólo el martes, 186 inmigrantes fueron registrados y controlados en un centro de la Cruz Roja en el Puerto de Almería.
Habían llegado en ocho grupos separados, de entre 12 y 40 personas, en lanchas rápidas de última generación equipadas con hasta cuatro motores de 300 caballos de fuerza, similares a los utilizados por los contrabandistas de combustible en el narcotráfico.
La víspera, el lunes, desembarcaron en Adra tres pateras con 95 ocupantes, y llegaron a El Ejido otras cuatro pateras con 77 ocupantes.
Además, una patera más con 45 inmigrantes fue desviada hacia la comarca granadina de Albuñol, según informó la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC).
El incesante aumento de embarcaciones improvisadas –incluidos precarios cayucos, botes taxi y lanchas rápidas– que llevan gente a las costas españolas está orquestado principalmente por sindicatos criminales.
Estos grupos cobran a sus clientes entre 3.000 y 5.000 euros por viaje desde Argelia y Marruecos.
Las narcolanchas marroquíes, que trasladan su carga de hachís a seres humanos, han desbordado por completo las capacidades de las Fuerzas de Seguridad del Estado y de las administraciones locales de la provincia.
Con velocidades superiores a los 30 nudos, hacen completamente inútil cualquier intento de interceptación por parte de las patrulleras marítimas de la Guardia Civil.
La Guardia simplemente supervisa desde lejos, brindando orientación a las unidades terrestres.
La afluencia constante de embarcaciones que desembarcan a más de un centenar de inmigrantes es “insostenible”, según Víctor Vega, secretario provincial de la AUGC.
No hay suficientes agentes, vehículos ni recursos para atender las necesidades humanitarias, y mucho menos la custodia, el transporte y el traslado desde la playa hasta el centro de la Cruz Roja, afirmó.
Con cada nueva llegada, Cruz Roja vuelve a verse desbordada, lo que provoca traslados en furgonetas y autobuses a Algeciras y Barcelona, así como a otras instalaciones de Málaga, Motril y Murcia.
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