El líder independentista, prófugo desde hace siete años, había anunciado en varias ocasiones que tenía la intención de asistir al debate de investidura del nuevo president de la Generalitat de Catalunya, el socialista Salvador Illa. Regresó el día de la votación y arengó a sus fieles a pocos pasos del Parlamento, antes de escurrirse discretamente del dispositivo policial tendido para capturarlo. “Nunca tuve la intención de entregarme a una autoridad judicial que no es competente para perseguirnos (…) ni tiene interés alguno en hacer justicia”, pero que “pretende hacer política”, explicó Puigdemont en un video en catalán difundido el sábado en la red social X. Añadió que hubiera querido ejercer su “derecho a hablar y (…) a votar” en tanto que diputado electo en los últimos comicios regionales, pero que “desde primera hora de la mañana quedó claro que el Departamento de Interior había organizado un dispositivo policial para impedirme entrar al Parlamento”.
El politólogo Pablo Simón estima que Puigdemont buscaba “generar la máxima presión para impedir la investidura de Salvador Illa”, que se convirtió en el primer presidente del gobierno regional que no proviene de las filas nacionalistas desde 2010. Puigdemont “consideraba, creo yo, que podía, mediante su presencia sorpresiva, generar que hubiera gran revuelo, que hubiera protestas, o que el pleno se aplazara y, finalmente, la investidura no se celebrara”, añade. Pero el partido Esquerra Republicana (ERC, Izquierda Republicana), rival del partido de Puigdemont Junts per Catalunya (JxCAT, Junts per Catalunya), decidió apoyar a Illa, negociando un acuerdo que otorga nuevos poderes al gobierno regional.