Tras una primera Diada incluso más plácida de lo que los propios socialistas esperaban después de una decena de años con una Catalunya bajo la batuta de los independentistas, el Govern de Salvador Illa se arremanga para arrancar un curso político que estará marcado por el espinoso debate sobre la financiación singular. De momento, la receta que se aplica el PSC es la de andar con pies de plomo, evitar el choque con los socios de investidura y hablar lo justo y necesario de la cuestión, que quedó fuera del discurso institucional del Onze de Setembre. Illa se reserva para cuando llegue el momento oportuno y haya garantías de paz en el PSOE, pero va preparando el terreno. Su agenda se llena de citas para escuchar y tomar nota. Este jueves ha sido el expresident José Montilla el que ha entrado en el Palau de la Generalitat.
Precisamente, Montilla fue el último presidente que pactó una financiación con el Gobierno en el año 2009 con José Luis Rodríguez Zapatero en la Moncloa, modelo que continúa hoy vigente pese a que debía de haber sido revisado hace una década. Entonces, como ahora, no fue precisamente fácil alcanzar una entente y hubo barones socialistas que lograron rebajar las expectativas iniciales del gobierno tripartito. Fue durante esa negociación cuando el expresident advirtió de que no aceptarían un reparto de recursos cualquiera con una frase que quedaría esculpida en las memorias de la relación entre el socialismo catalán y el PSOE: “José Luis, el PSC te quiere bien y mucho, pero aún quiere más a Catalunya“.
El papel de los expresidents
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Ahora, Illa lidera un gobierno monocolor, pese a que depende de los votos de ERC y de los Comuns, y tiene el compromiso de Pedro Sánchez de impulsar un modelo que mejore la financiación de Catalunya. Lo intentó Artur Mas en su día con la reivindicación de un pacto fiscal con muchas similitudes a la singularidad acordada entre el PSC y los republicanos, pero se dio de bruces con la mayoría absoluta del PP, un ‘no’ que, de la mano de la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatut, contribuyó a dar alas al ‘procés’. Este precedente está también bien presente en el actual Govern ante los meses que se avecinan.
La intención de Illa, empeñado especialmente en fortalecer la institucionalidad de la Generalitat, es empaparse de aportaciones para robustecer su posición tanto procedentes de la política como del tejido social y empresarial. Las reuniones con expresidents forman parte de esa hoja de ruta para honorar públicamente a sus predecesores, aunque en el caso de Montilla se enmarca también en su propósito de continuar conectado a los exlíderes del PSC. En los últimos meses, también ha mantenido conversaciones con Raimon Obiols y Miquel Iceta.
Vínculos con sus antecesores
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Sin embargo, Montilla es el único de ellos que gobernó la Generalitat. Esta es la primera vez que lo recibe en Palau de forma institucional, pero desde que tomó posesión Illa ha tenido otros encuentros con su predecesor en el cargo para hacer análisis de situación y traspaso de experiencias, según explican fuentes conocedoras de los contactos. Así que la de hoy es más una imagen que retrata la intención del president de exhibir vínculos con sus antecesores que una reunión propiamente de trabajo. De hecho, su contenido se ha mantenido en la privacidad, aunque ambas partes asumían como inevitable antes de la reunión que emergiera el análisis sobre el transcurso de la Diadao el reto de la financiación.
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Suele recordar Illa que la Catalunya de hoy dista mucho de la de 2017 gracias al diálogo y la desjudicialización apadrinada por Sánchez, pero tampoco es la de 2009 tras años al galope del auge independentista. No obstante, hay cosas que no cambian: hablar de financiación levanta ampollas dentro y fuera del PSOE; y el PSC, aunque no gobierne con ERC y los Comuns, sí que depende en estos momentos de ellos para su estabilidad. Y Montilla sabe de qué van ambas cosas.
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