Adoptar un perro con displasia de cadera: lo que necesitas saber

En Ontario SPCA y Humane Society, a menudo vemos perros que llegan a nuestro cuidado para realojarlos debido a problemas de comportamiento que surgen de un dolor no diagnosticado o no controlado. Una de las causas más comunes de dolor que encontramos en los perros es la displasia de cadera, una afección que no sólo prevalece en perros mayores sino que también puede afectar a los más jóvenes.

Continúe leyendo para obtener más información sobre la displasia de cadera, incluido cómo reconocerla y controlarla si está considerando adoptar un perro con esta afección.

¿Qué es la displasia de cadera?

La displasia de cadera es una afección genética en la que la articulación de la cadera no se desarrolla adecuadamente, lo que provoca inestabilidad. Con el tiempo, esta inestabilidad puede causar que la articulación se dañe, provocando dolor y artritis. Es común en razas de perros más grandes, como pastores alemanes, labradores y golden retrievers, pero cualquier perro puede desarrollarlo. Si bien la genética juega un papel importante, factores como el crecimiento excesivo, la mala nutrición, la alimentación excesiva o el exceso de ejercicio durante la etapa de cachorro pueden contribuir a la aparición de la displasia de cadera.

Síntomas de displasia de cadera

La detección temprana de la displasia de cadera es clave para controlar la afección y mejorar la calidad de vida de un perro. Los síntomas pueden comenzar tan pronto como a los cinco meses de edad y pueden incluir:

– Dificultad para levantarse, sentarse o subir escaleras.

– Cojera, un cambio notable en la marcha o balanceo de la cadera.

– Disminución de la actividad o renuencia a hacer ejercicio.

– “Salto de conejo” al correr

– Dolor o rigidez, especialmente después del ejercicio.

Si nota estos signos, es importante consultar a un veterinario para una radiografía y un diagnóstico y plan de tratamiento.

Prevención y gestión

Si bien la displasia de cadera es en gran medida genética, existen medidas preventivas que puede tomar para minimizar el riesgo o retardar la progresión de la afección. Es importante asegurarse de que los cachorros crezcan a un ritmo saludable y moderado. Evite correr o saltar excesivamente durante su fase de desarrollo y bríndeles una dieta equilibrada que favorezca la salud de las articulaciones.

Si bien no existe cura para los perros diagnosticados con displasia de cadera, existen varias estrategias de manejo para mejorar su comodidad y movilidad:

Control de peso: Mantener a su perro en un peso saludable reduce la tensión en las articulaciones.

Ejercicio: Los ejercicios de bajo impacto, como nadar o caminar de forma controlada, pueden ayudar a fortalecer los músculos alrededor de la articulación sin causar una tensión excesiva.

Suplementos y medicación: Su veterinario puede recetarle glucosamina, condroitina, omega 3 y medicamentos antiinflamatorios para reducir las molestias.

Cirugía: En casos graves, una cirugía como un reemplazo total de cadera podría ser una opción. La osteotomía de la cabeza femoral (FHO) es otra opción quirúrgica. La recuperación posquirúrgica incluye rehabilitación y fisioterapia.

Si está pensando en adoptar un perro con displasia de cadera, es importante saber que, con el cuidado y manejo adecuados, estos perros pueden vivir una vida larga y feliz. Con amor, atención y los cuidados adecuados, un perro con displasia de cadera puede ser un compañero leal y activo. Y les dará una segunda oportunidad para superar desafíos que tal vez no hubieran podido afrontar en otro hogar.

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