Contempla los últimos tesoros desenterrados en el Templo Mayor de la Ciudad de México

Además de sus logros militares, Moctezuma I es recordado por su enfoque en el desarrollo cultural y religioso de Tenochtitlán. Impulsó la construcción y decoración de muchos templos y monumentos, incluido el Templo Mayor, el centro ceremonial más importante de la civilización mexica.

“Cuando los mexicas sometieron a estos pueblos, las figurillas ya eran reliquias, algunas de ellas tienen más de 1.000 años, y presumiblemente servían como efigies de culto, de las que los mexicas se apropiaron como botín de guerra”, explica Luján.

Aguirre y Marín, quienes también trabajaron con Sofía Benítez Villalobos, especialista en restauración de artefactos, han concluido que, luego de ser traídas a Tenochtitlán, las esculturas pasaron por un ritual que las transformó y las incorporó a la vida religiosa de Tenochtitlán. Señalan rastros de pintura facial que los mexicas agregaron a las figurillas, asociadas con el dios de la lluvia, Tláloc.

Además de las esculturas, la oferta 186 incluyó dos aretes con forma de serpientes de cascabel y un total de 137 cuentas elaboradas con diversas piedras verdes, acompañadas de arena y 1.942 elementos diferentes del océano entre conchas, caracoles y corales.

El descubrimiento fue realizado por los arqueólogos Alejandra Aguirre Molina y Antonio Marín Calvo, bajo la dirección de Juan Ruiz Hernández.

Fotografía: Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)

Originarias de las costas del Océano Atlántico, región sometida por la Triple Alianza en tiempos del primer Moctezuma, las conchas han sido restauradas y la responsabilidad de su identificación biológica recae en Belem Zúñiga Arellano, integrante del Proyecto Templo Mayor. equipo.

El descubrimiento de esta ofrenda se basa en el interés de los arqueólogos por verificar un patrón observado en ofrendas anteriores, específicamente 18, 19 y 97. Estas consistían en cofres de piedra que fueron enterrados como parte de ofrendas de dedicación bajo monumentales cabezas de serpientes ubicadas en la plataforma del Templo Mayor. Todas estas ofrendas pueden proporcionar una mejor comprensión de cómo veían los aztecas el Templo Mayor.

“En la lengua náhuatl clásica, estos cofres eran conocidos como tepetlacallide tetelo piedra, y petlacalli, una caja hecha de tapetes. En sus hogares, los mexicas guardaban sus pertenencias más preciadas (plumas finas, joyas y prendas de algodón) en cofres hechos de petar (un tipo de palma). Si miramos el Templo Mayor, que representa una montaña sagrada llena de provisiones, podemos imaginar a los sacerdotes guardando en estos ‘cofres de piedra’ los símbolos por excelencia del agua y la fertilidad: esculturas de los dioses de la lluvia, cuentas de piedra verde, conchas y caracoles”, explica López Luján.

Para 2024, el Proyecto Templo Mayor planea solicitar permiso al Consejo de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, el organismo gubernamental que administra todos los sitios arqueológicos del país, para retirar temporalmente la cabeza de una serpiente ubicada en el lado norte del Templo. Alcalde. Es probable que pronto vuelvan a ver la luz aún más tesoros.

Esta historia fue publicado originalmente por Cableado en español. Fue traducido y adaptado por John Newton.