el viernes, Salvador Illa habló en las jornadas económicas de S´Agaró. En 2021 quedó primero –empatado en escaños con ERC– en las elecciones catalanas. Pero este año el PSC ha ganado las municipales y las legislativas. Y la encuesta del CEO de la Generalitat de hace pocos días le dio una victoria mucho mayor en las próximas catalanas y pronosticaba que, por primera vez desde 2012, no habría mayoría absoluta independentista.
¿Cuál es el secreto de Illa? ¿Que como ministro de Sanidad saltó a la fama con la pandemia e impactó su talante constructivo? Seguro, pero también que luego ha mantenido tanto la firmeza como el rechazo a la crispación. Y que la desinflamación y los indultos le han beneficiado. Incluso ahora –con el gran ruido de la amnistía– solo el 28% de los catalanes (contra el 54% de los medios españoles) desaprueba el nuevo Gobierno en la encuesta del lunes de este diario.
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Pero la clave es que Mira más al futuro que a las peleas anteriores. Afirma que Catalunya quiere pasar la página de los diez años del ‘procés’, pero más con el diálogo que con la confrontación. En 2021 el independentismo vetó todo pacto con el PSC, pero tras la ruptura del Govern ERC-JxC, Catalunya tiene presupuestos gracias al pacto de Aragonès con Illa. Quiere ser presidente, pero apuesta más por construir puentes que por azuzar la división entre catalanes.
Illa no quiere bloques, sino una socialdemocracia abierta. En la Europa de 2023 –tras Meloni en Italia y el éxito de Wilders en Holanda– los dogmas son hojas caídas. Y en S´Agaró quiso sintonizar con los recomendados del PSC (y con los que han vuelto tras pasar por Cs), y extender la mano a los realistas de los Comuns (fichaje de Lluís Rabell por Collboni) ya los que se fueron (bastantes en la Catalunya interior) a CDC oa ERC. Y citó como presidentes a José Montilla y Pasqual Maragall, también a Jordi Pujol. Rehúye el frentismo. Es una diferencia notable con Sánchez. Pero sabe que sin Sánchez al PSC le iría peor. Cuenta España.