CUANDO un antiguo egipcio buscaba un encuentro con Bes, el dios de la fertilidad y el parto, dibujaba una imagen de la deidad en su mano, envolvía esa mano y su cuello con una tela negra y luego se acostaba a dormir. Esta práctica, descrita en un papiro que data alrededor del 1350 a.C., es la primer ejemplo documentado del uso de estimulación sensorial para intentar influir en el contenido de un sueño.
Tres mil años después, los neurocientíficos y psicólogos están convirtiendo esta antigua idea en algo más científico. Rompiendo ideas preconcebidas arraigadas sobre la desconexión entre nuestro cerebro y nuestro cuerpo durante el sueño, estos “ingenieros de los sueños” están utilizando sonidos, olores, tacto e incluso movimientos corporales para influir en el contenido de los sueños de las personas. Al hacerlo, han logrado beneficios sorprendentes, desde mejorar la calidad del sueño y el estado de ánimo hasta impulsar el aprendizaje y la creatividad.
Mejor aún, los ingenieros de los sueños están desarrollando dispositivos de inducción de sueños que cualquier persona puede utilizar en su propia casa. Esto plantea la posibilidad de que pronto todos podamos aprovechar nuestras horas de sueño a nuestro favor. Sin embargo, el poder de estas técnicas en una mente en reposo está llevando a algunos, entre ellos a los propios investigadores, a preocuparse por el potencial de uso indebido. “No tengo ninguna duda de que la ingeniería de los sueños podría abrir muchas mentes, sanar a otros y ayudarnos a comprendernos mejor unos a otros”, afirma Adam Haar Horowitz en el Instituto de Tecnología de Massachusetts. “También podría convertirse en un truco publicitario. Tenemos que proceder con ojos atentos y atentos”.
La ingeniería de los sueños no es lo mismo que los sueños lúcidos,…