El líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, dijo que Sánchez era responsable de la “humillación insoportable” que supuso el fiasco de la fuga de Puigdemont. Feijóo pidió al presidente del Gobierno que despidiera a su ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y a la jefa de inteligencia, Margarita Robles.
“Ante esta farsa, el Gobierno no puede seguir de vacaciones riéndose del pueblo español”, Feijóo dicho.
Pero eso es exactamente lo que han hecho Sánchez y Feijóo: se han quedado de vacaciones, quizá en la señal definitiva de que Puigdemont se ha vuelto irrelevante, un entretenimiento de verano sin impacto político.
“Es una humillación para España, pero al fin y al cabo”, concluyó Torreblanca, “Sánchez es presidente, Illa es presidente y Puigdemont no. Y esa, por cínica y dura que sea, es la realidad”.
“Ni siquiera lo intenté”
En la tranquila ciudad fronteriza de Portbou, situada entre las estribaciones de los Pirineos y el inescrutable mar Mediterráneo, era evidente que la policía no había estado buscando a Puigdemont desde el viernes.
La ciudad tiene una larga historia como punto de paso de contrabandistas y refugiados. Fue una famosa escala para los republicanos españoles que huían de las tropas de Francisco Franco y, poco después, para los judíos e intelectuales que huían de la Alemania nazi, como Hannah Arendt, Heinrich Mann y Alma Mahler, que pasaron por esta ciudad.