¿Qué pueden hacer las plantas o los animales cuando se enfrentan a condiciones duras? Dos opciones para sobrevivir parecen más obvias: mudarse a otro lugar o adaptarse a su entorno.
Algunos organismos tienen una tercera opción. Pueden escapar no a través del espacio sino a través del tiempo, entrando en un estado latente hasta que las condiciones mejoren.
Resulta que la latencia puede no sólo beneficiar a las especies que la utilizan. En nueva investigacióndescubrimos que la propensión a la latencia puede afectar el equilibrio de la competencia entre especies y hacer posible que más especies sobrevivan juntas cuando los entornos cambian.
¿Qué es la latencia?
Muchos organismos utilizan la latencia como estrategia de supervivencia.
Los osos hibernan en invierno, por ejemplo, y muchas plantas producen semillas en verano que permanecen latentes en el suelo durante los meses fríos antes de brotar en primavera. En estos ejemplos, los organismos utilizan la latencia para evitar una temporada en la que las condiciones son difíciles.
Sin embargo, otros organismos pueden permanecer inactivos durante décadas, siglos o incluso miles de años.
Las semillas de plantas más antiguas que se conocen en germinar son Semillas de 2000 años de una palmera datilera de Judea.
Incluso el material vegetal más antiguo (aunque no las semillas) ha vuelto a la vida: tejido floral placentario Más de 31.000 años de antigüedad, encontrado en una madriguera de ardillas de la Edad del Hielo.
En nuestra investigación nos centramos en un tipo particular de latencia en animales llamado diapausa, en el que los organismos reducen su actividad metabólica y resisten los cambios en las condiciones ambientales. Aquí los animales no suelen comer ni moverse mucho.
¿La latencia protege a las especies de la extinción?
En teoría, la latencia puede permitir a las especies escapar de condiciones hostiles. Sin embargo, ha sido difícil vincular directamente la latencia con la persistencia de una especie determinada.
Intentamos establecer este vínculo mediante experimentos utilizando una especie de gusano nematodo que se encuentra a menudo en el suelo llamado Caenorhabditis elegans. En estos gusanos, se comprende bien la vía genética que afecta la latencia.
Observamos cuatro grupos de gusanos. El primer grupo estaba genéticamente más inclinado a entrar en estado de inactividad, el segundo grupo estaba menos inclinado a entrar en estado de inactividad, el tercer grupo era completamente incapaz de entrar en un estado de inactividad y el cuarto eran gusanos comunes de tipo salvaje con una propensión media a la inactividad.
Creamos un experimento en el que todos estos grupos competían con una especie competidora común: otro gusano llamado C. briggsae – para alimentos en diferentes ambientes.
Utilizando datos de estos experimentos, realizamos millones de simulaciones por computadora para determinar si una especie llevaría a la otra a la extinción a largo plazo, o si podrían coexistir en diferentes condiciones ambientales.
Latencia y competencia entre especies.
Descubrimos que cuando las especies son más propensas a la latencia, las especies competidoras pueden coexistir en una gama más amplia de condiciones ambientales.
Cuando simulamos condiciones ambientales fluctuantes, las especies con una mayor inversión en latencia pudieron coexistir con un competidor en un rango más amplio de temperaturas.
Este resultado es lo que se predice en teoría, pero es un resultado interesante porque la predicción ha sido difícil de probar. El sistema experimental que utilizamos tiene un gran potencial y puede utilizarse para explorar más a fondo el papel de la latencia en la persistencia de las especies.
Nuestros resultados también plantean una pregunta importante: ¿las especies que tienen una forma latente serán más resistentes a las enormes fluctuaciones ambientales que el mundo está experimentando actualmente? Los organismos que puedan evitar las olas de calor y las sequías bien podrían estar más preparados para esta era de cambios globales sin precedentes.
Esperamos comenzar a descubrirlo en la siguiente fase de nuestra investigación: vincular la dinámica que vimos en el laboratorio con la latencia de plantas, animales y microbios en el mundo real.
Natalia JonesProfesor de Ecología, Universidad Griffith
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