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Puede que no sorprenda que los trastornos hormonales (por ejemplo, durante la pubertad o la menopausia) puedan causar estragos en el sueño. Pero nuestras hormonas influyen en el sueño todo el tiempo, no sólo durante los grandes cambios. Es más, estamos empezando a ver que esta relación va en ambos sentidos: así como nuestras hormonas afectan la forma en que dormimos, la forma en que dormimos influye en nuestras hormonas.
Una mejor comprensión de esta relación podría mejorar tanto nuestro sueño como nuestra salud general. Pero, como muchas relaciones, es complicado.
Este artículo forma parte de una serie especial que investiga cuestiones clave sobre el sueño. Leer más aquí.
Hay dos procesos básicos que regulan el sueño. El primero, conocido como proceso S, realiza un seguimiento de cuánto tiempo hemos estado despiertos durante la acumulación del neurotransmisor adenosinaun subproducto del metabolismo celular. Una vez que se ha acumulado lo suficiente, como la arena que se acumula en el fondo de un reloj de arena, la presión para quedarse dormido se vuelve difícil de resistir. El segundo, llamado proceso C, está impulsado por nuestro sistema circadiano, los ritmos de actividad en casi todas nuestras células sincronizados con el ciclo de 24 horas de día y noche de la Tierra.
El proceso C, que está regulado en gran medida por la exposición a la luz, lo gestiona mediante la liberación de dos hormonas clave, melatonina y cortisol. Producida por la glándula pineal durante las horas de oscuridad, la melatonina indica a las partes del cerebro que controlan el sueño que es de noche, por lo que nos quedamos dormidos en el momento adecuado. El cortisol comienza donde termina la melatonina, aumentando por la mañana y aumentando nuestro estado de alerta para despertarnos de la cama.
Las hormonas cambian todo el tiempo.
Producción de estas hormonas…