Desde que hemos tratado de descubrir la naturaleza de la realidad, hemos lidiado con el concepto de espacio vacío. Alrededor del 400 a. C., cuando el antiguo filósofo griego Demócrito concibió cuerpos pequeños e indivisibles llamados átomos, suponía que también debe existir un vacío que los rodea: un vacío sin cambios e inmutable en el que se movían.
Hoy, el vacío sigue siendo una idea potente para comprender el universo, pero nos hemos dado cuenta de que no es todo menos característico. Hace más de un siglo, la teoría de la gravedad de Albert Einstein reveló que el espacio-tiempo es estirado y deformado por el asunto que contiene. Más tarde, la teoría cuántica introdujo la idea de las partículas virtuales, que momentáneamente aparecen y desaparecen en el vacío, lo que hace que la nada pura parezca una sopa intangible y burbujeante.
Esto solo seguramente habría conmocionado a Democritus, pero creo que deberíamos ir más allá. He pasado cuatro décadas tratando de encontrar una manera de combinar la teoría de la gravedad y la mecánica cuántica de Einstein. Este largo viaje me ha llevado a una conclusión sorprendente: hay otra estructura rica oculta dentro del vacío, que se remonta a entidades etéreas llamadas agujeros negros virtuales.
La influencia de estos se extiende en todo el cosmos, vinculando el espacio-tiempo de maneras sutiles que finalmente hacen que la teoría de Einstein falle, formando un puente entre la escala más pequeña del reino cuántico y el cósmico de gravedad. Tecientemente, ahora he comenzado a comprender cómo esta propiedad oculta del espacio-tiempo puede ser la fuente de la energía oscura, la fuerza misteriosa que está desgarrando …