Después de un cuarto de siglo de especulaciones, los científicos finalmente han demostrado cómo el murciélago más grande de Europa, el nóctulo mayor, logra su hazaña más audaz: atrapar y comer pájaros cantores mientras vuela a más de un kilómetro del suelo.
El descubrimiento, publicado en Science, confirma que estos esquivos murciélagos no se limitan a hurgar en restos de aves, sino que cazan, atacan y devoran activamente paseriformes migratorios durante sus vuelos nocturnos. El equipo de investigación, dirigido por la Universidad de Aarhus y el Instituto Leibniz de Investigación de Zoológicos y Vida Silvestre, utilizó tecnología avanzada de registro biológico para registrar los movimientos, la altitud y las llamadas de ecolocalización de los murciélagos en tiempo real.
Seguimiento del cazador en el cielo nocturno
Para descubrir este misterio, los investigadores equiparon a los murciélagos nóctules mayores (Nyctalus lasiopterus) con “mochilas” en miniatura que contenían sensores y micrófonos. Estos biólogos rastrearon cómo los murciélagos se elevaban hacia el cielo nocturno, se concentraban en sus objetivos y ejecutaban inmersiones a gran velocidad en busca de aves migratorias. Algunas de estas persecuciones duraron casi tres minutos y terminaron en una muerte en el aire.
El equipo descubrió que las llamadas de ecolocalización de baja frecuencia de los murciélagos les permiten detectar aves que no pueden escuchar los ultrasonidos, lo que brinda a los depredadores una ventaja significativa. Una vez dentro del alcance, los murciélagos atacan, produciendo una rápida ráfaga de llamadas breves e intensas.
Los datos de los dispositivos revelaron que un murciélago se zambulló durante 30 segundos antes de abortar la persecución, mientras que otro persiguió a un pájaro durante 176 segundos y finalmente lo atrapó cerca del suelo. El micrófono capturó 21 llamadas de socorro de la desafortunada presa, seguidas de 23 minutos de sonidos de masticación mientras el murciélago comía en vuelo.
“Es fascinante que los murciélagos no sólo sean capaces de atraparlos, sino también de matarlos y comérselos mientras vuelan. Un ave como esa pesa aproximadamente la mitad que el propio murciélago. Sería como si yo atrapara y me comiera un animal de 35 kilos mientras corría”, dijo la profesora adjunta Laura Stidsholt de la Universidad de Aarhus.
Al combinar los datos de audio con análisis de ADN y rayos X de restos de pájaros cantores encontrados cerca de los refugios de los murciélagos, los investigadores reconstruyeron la imagen completa: el nóctulo mayor mata a su presa mordiendo áreas vitales, le quita las alas para reducir la resistencia y luego usa la membrana entre sus patas traseras como una bolsa para comerse al ave mientras está en el aire.
Una búsqueda científica de 25 años
El avance confirma una hipótesis de larga data propuesta por primera vez por el biólogo español Carlos Ibáñez hace más de dos décadas. Ibáñez había descubierto plumas en los excrementos de los murciélagos nóctulos y sospechaba que se alimentaban de aves, pero la evidencia directa resultó difícil de alcanzar. Debido a que los murciélagos cazan de noche, filmar su comportamiento era casi imposible. A lo largo de los años, su equipo en la Estación Biológica de Doñana en Sevilla probó de todo, desde radares y micrófonos de gran altitud hasta rastreadores GPS, pero ninguno pudo capturar completamente la caza en curso.
Los ligeros biologgers desarrollados por la Universidad de Aarhus finalmente resolvieron el desafío técnico. Las grabaciones no solo documentaron una matanza exitosa, sino que también capturaron la escalofriante secuencia de llamadas de auxilio de las aves seguidas de silencio, un momento que el equipo describió como emotivo y estimulante.
“Si bien evoca empatía por la presa, es parte de la naturaleza. Sabíamos que habíamos documentado algo extraordinario. Para el equipo, confirmó lo que habíamos estado buscando durante tanto tiempo”, dijo la coautora del estudio Elena Tena.
El nóctulo mayor sigue siendo uno de los murciélagos más raros y en peligro de extinción de Europa, y su hábitat se reduce a medida que desaparecen los bosques maduros. Los científicos enfatizan que su dieta no representa una amenaza para las poblaciones de aves migratorias; más bien, los hallazgos resaltan las relaciones complejas, a menudo ocultas, en los ecosistemas nocturnos.
Para Ibáñez, que ha estudiado a estos murciélagos durante décadas, el descubrimiento es la culminación de años de perseverancia. Ahora que las herramientas modernas finalmente se han puesto al día con sus primeros conocimientos, el método de caza secreto del nóctulo, del que muchos habían dudado durante mucho tiempo, ha sido definitivamente confirmado.
“Es un ejemplo notable de cómo la perseverancia, la paciencia y la tecnología pueden finalmente iluminar un comportamiento que ha eludido la ciencia durante generaciones”, dijo Stidsholt.
Ciencia: 10.1126/science.adr2475
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