El lugar se llama Camino del Gigante y no es casualidad. Restos de megafauna local ya habían sido encontrados en un arroyo cercano a la ciudad de Canelones, a sólo 45 minutos de Montevideo. Ahora, un fósil inesperado confirma que el nombre encierra más verdad de lo que nadie imaginaba.
Un fragmento de hueso llevó a paleontólogos uruguayos a reconstruir la existencia de un buitre colosal, más grande que el cóndor andino -hoy el ave voladora más impresionante de América-, que habría surcado los cielos del sur de Sudamérica en el Pleistoceno. Según los investigadores, esta ave podría haber pertenecido a un linaje de catártidos sudamericanos hasta ahora desconocido.
El descubrimiento, publicado recientemente en la revista Historical Biology, ofrece una visión inesperada de la Edad del Hielo en América. Revela un ave lo suficientemente grande como para alimentarse de gliptodontes y mastodontes, y un poderoso planeador capaz de viajar largas distancias en busca de carroña.
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Dos familias de buitres
Los autores principales del estudio, los paleontólogos Washington Jones y Andrés Rinderknecht del Museo Nacional de Historia Natural, señalan que esta ave “inesperadamente grande” tenía similitudes con el cóndor de California moderno (Gymnogyps californianus), que pertenece al mismo linaje que el cóndor andino (Vultur gryphus), y con el buitre real (Sarcoramphus papa), algo más pequeño. También describen ciertas similitudes morfológicas con buitres de menor tamaño, como los buitres pelirrojos y de cabeza negra.
Para poner esto en contexto, el término común “buitre” agrupa dos tipos de aves con hábitos carroñeros similares que no están directamente relacionados. Por un lado, los “buitres del Viejo Mundo”, originarios de África y Asia, pertenecen a dos linajes distintos: los Gypaetines y los Aegypinidae, que forman parte de la familia Accipitridae, junto con las águilas y los aguiluchos. Por otro lado, los “buitres del Nuevo Mundo”, que incluyen cóndores y buitres americanos, pertenecen a la familia Cathartidae, un grupo de aves exclusivo de América.
“Es del tamaño de los cóndores más grandes, pero el hueso que encontramos, un tarsometatarso, tiene una forma muy aplanada, lo que indica que era mucho más similar a los buitres locales, especialmente al buitre pelirrojo. Esa es la sorpresa”, dice Jones.
Imagínelo de esta manera: este buitre gigante sería un poco más grande que el cóndor andino, el ave voladora más grande del mundo, cuya envergadura puede alcanzar unos 10 pies (3 metros), y sería más de seis veces más grande que un buitre pelirrojo. Su mera presencia en los cielos del Pleistoceno, hace unos 13.000 años, habría sido tan imponente e intimidante como los mamíferos gigantes que deambulaban por la tierra debajo de él.
Comparando huesos de buitre
Comparación de fósiles con varios tarsometatarsos de buitre pelirrojo.
(Imagen cortesía de Washington Jones)
El hueso que permitió identificar a esta ave gigante es un tarsometatarso, una estructura que a primera vista puede parecer inusual. En las aves, varios huesos del tobillo y del pie se fusionan en un único elemento alargado, formando lo que sería la “parte inferior” de la pierna, justo por encima de los dedos. A diferencia de los humanos, que tienen tibia, peroné y luego un pie, las aves tienen tres segmentos principales: el fémur, el tibiotarso y el tarsometatarso.
Este último sostiene los dedos de los pies y actúa como palanca para caminar, posarse o agarrar presas, y su forma revela detalles clave sobre el tamaño y la postura del animal. Aunque el fragmento, de aproximadamente 1,6 pulgadas de largo, está roto, los paleontólogos pudieron identificar marcas de inserción de tendones y facetas articulares que se habrían conectado a los dedos de los pies, proporcionando suficientes pistas para reconstruir el tamaño del ave.
En comparación, el tarsometatarso de un cóndor californiano o andino es mucho más redondeado; El fósil uruguayo es similar en tamaño pero notablemente más aplanado, más parecido a los buitres del género Cathartes, particularmente al buitre pelirrojo, aunque mucho más grande.
Sin embargo, Rinderknecht comparó el fósil con los tarsometatarsos de cóndores de California en el Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsonian y encontró que algunos también presentaban huesos aplanados y ciertos rasgos similares a los del ejemplar uruguayo y al buitre pelirrojo. Esto sugiere dos posibilidades: que el espécimen uruguayo represente un nuevo taxón de un catártido grande con afinidades con el cóndor de California, o un nuevo taxón de un catártido grande relacionado con Cathartes.
“Lo que proponemos es que nuestro buitre gigante podría representar un nuevo linaje, es decir, una línea evolutiva hasta ahora desconocida dentro de los buitres americanos”, explica Jones.
Una región fósil compleja
A falta de huesos adicionales, Jones y Rinderknecht dudaron en asignar un nombre formal, pero dicen que están convencidos de que representa una nueva forma.
Esta precaución también se debe al hecho de que en todo el continente americano otros fragmentos óseos (no tarsometatarsos) no han sido correlacionados con ninguna especie conocida, lo que genera incertidumbre sobre la verdadera diversidad de estos buitres. En este contexto, el paleontólogo argentino Marcos Cenizo, especialista en evolución de aves, señala que si bien los ejemplares encontrados en Uruguay son fragmentarios, todas las evidencias sugieren que no tienen relación con el cóndor andino.
También advierte que muchas de las especies reportadas para el Pleistoceno sudamericano pueden estar sobreestimadas, ya que se basan en restos incompletos. La moderación mostrada por los investigadores uruguayos al no nombrar a esta especie refleja, según Cenizo, una práctica científica responsable ante el complejo registro fósil de la región.
La desaparición de este buitre gigante probablemente estuvo estrechamente relacionada con la extinción de la megafauna a finales del Pleistoceno. La llegada del hombre, cuyas modificaciones cinegéticas y paisajísticas afectaron a mastodontes, perezosos gigantes, gliptodontes y toxodontes, entre otros, también impactó a sus carroñeros.
Cenizo señala que, al igual que los ecosistemas modernos de África y Asia, donde la presencia de megamamíferos coincide con una notable diversidad de grandes buitres, es razonable inferir que este buitre gigante sudamericano desapareció una vez que desaparecieron sus fuentes de alimento.
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